miércoles, 1 de octubre de 2014

Artículo: Penny Dreadful, el placer de la decadencia

No cabe duda de que la literatura clásica ha sido, es y será, fuente inagotable de inspiración para el séptimo arte. Hablando concretamente del género de terror o fantástico, la comunión entre ambos universos es cuasi paradigmática. Bram Stoker, Mary Shelley u Oscar Wilde, por citar algunos ilustres papás y mamás de monstruos clásicos, jamás hubieran imaginado allá en aquel primerizo estado de gestación, la repercusión e impacto que tendrían en adelante, no ya solo en otras disciplinas artísticas, sino incluso en la cultura popular, sus aberrantes creaciones. 

Drácula, Frankenstein, Dorian Grey, el hombre lobo, la momia y demás criaturas arrancadas de las amarillentas páginas de una vieja novela, han dado como fruto, una cantidad obscena de adaptaciones cinematográficas para todos los gustos y de todos los colores. Gracias a todos estos personajes, la leyenda del cine de terror se ha engrandecido a lo largo de los años y hasta nuestros días un género, que desgraciadamente en la actualidad, donde las buenas ideas no abundan precisamente (y eso que este año está siendo de los más productivos que se recuerdan) sigue vivo en época de vacas flacas, viviendo de rentas de antaño. 

Si hablamos de forma genérica del cine fantástico, no cabe duda tampoco de que las mejores dentelladas se están dando, curiosamente, en la televisión, donde las series fantásticas y de terror, se alzan como esa criatura deseosa de nacer, escarbando desde el interior de las entrañas de su agonizante madre, desgarrando órganos, carne y piel para llegar a la superficie e inhalar su primera bocanada de aire, sobre la mediocridad generalizada instalada en la gran pantalla. Está claro que si uno anhela buenos guiones, buenas historias y buenos personajes, es en la caja tonta donde debe ir a buscarlos. 

John Logan, consumado guionista de Hollywood, sin duda testigo de excepción de tan tortuoso parto, parece que lo tiene claro y este mismo año estrena la que posiblemente, sea una de las mejores series fantásticas que haya dado nunca la televisión y por ende, de lo mejorcito que uno puede llevarse a día de hoy a la boca, dentro del género. “Penny Dreadful” es el nombre de la criatura, un drama fantástico donde se dan cinta, muchos de los ilustres mitos de la literatura de terror a modo de crossover como ya hiciera para la gran pantalla en su momento Stephen Norrington con su incomprendida por muchos, “La Liga de los Hombres Extraordinarios” (“The League of the Extraordinary Gentlemen”, 2003). 

Si la película de Norrington abogaba por la vertiente más aventurera del cigoto, con marcadas influencias de autores como H.Rider Haggar o Julio Verne, lo que propone Logan es un acercamiento más visceral a la literatura de terror, haciéndolo además desde un prisma extremadamente dramático e incluso teatral, dando como resultado uno de los shows televisivos más personales e impactantes que se hayan rodado hasta la fecha en lo que al género se refiere. Un viaje hacia los recovecos más oscuros del alma y del ser humano, conceptos que aunque debieran, no siempre van juntos. 

“Penny Dreadful” nos adentra en un Londres Victoriano, telón de fondo donde el creador, John Logan, hace chocar de frente a múltiples universos literarios y otros tantos mitos del folclore del horror. Haciendo suyos elementos de obras clásicas, los adapta de manera magistral y los entrelaza con suma maestría cual orgía interracial donde sangre y esperma corren desenfrenados y salpican a partes iguales para terminado el festín, dar forma a un único relato perfectamente harmonizado y reconocible pese a la gran cantidad de subtramas que alberga, cada una de ellas con marcadas personalidades. Ese es el gran logro de la serie y el secreto de su éxito, el hecho de haber conseguido dar vida a un cuerpo creado a partir de partes de otros individuos... 

… esto nos lleva a uno de los pilares del show, la criatura de Mary Shelley (o de Víctor, como prefieran ustedes), novela llevada en varias ocasiones al cine y que ha dado títulos tan ilustres como “El Doctor Frankenstein” (“Frankenstein”, James Whale, 1931), tan dignos como “Frankenstein de Mary Shelley” (“Frankenstein”, Kenneth Branagh”, 1994), tan hilarantes como “El Jovencito Frankenstein” (“Young Frankenstein”, Mel Brooks, 1974) o tan denigrantes como la reciente “Yo, Frankenstein” (“I, Frankenstein”, Stuart Beattie, 2014). Por suerte, el trato dado a Víctor y su creación en “Penny Dreadful” es de absoluto mimo y desde el más profundo de los respetos. De hecho, pese a no tratarse de la trama principal (si es que aquí se puede hablar realmente de subtramas), aquel que decidió que la muerte, no podía ser el final y que en la ciencia, estaban todas las respuestas, tiene un peso específico en esta primera temporada. 

Temporada compuesta de ocho capítulos algo más largos de lo habitual que oscilan entre los cuarenta y cinco y los sesenta minutos de duración. En cada uno de ellos y a partir de un leit motiv inspirado por la obra de Bram Stoker y su vampiro más ilustre, se van desarrollando las tortuosas desventuras del resto de personajes, a cual, más atormentado. No hay farolillos encendidos en esta noche Londinense. Tan solo oscuridad y una densa niebla que todo lo cubre, donde las únicas siluetas que consiguen disiparla, son las de la muerte. La de aquellos, que quieren vivir a costa de la vida de otros, la de aquellos que muertos en vida, ahora viven en una muerte animada que los condena a la más absoluta soledad, la de aquellos que pese a vivirlo todo, descubren que la juventud eterna, lejos de una bendición, puede ser la peor de las maldiciones o la de aquellos que pese a vivir, están muertos y podridos por dentro cortesía de la siempre pesada losa de la culpa. 

Más allá del perfecto ensamblamiento de tanta muerte y sufrimiento, “Penny Dreadful” destaca por otros tantos elementos. El primero por su lograda ambientación. Perfecta recreación del Londres más decadente de finales de 1800. Con unas exteriores fríos y desoladores plagados de detalle y aunque suene contradictorio, de vida. Grandes escenarios y variados, donde destacan también sus majestuosos interiores y el gran despliegue artístico a nivel de vestuarios y caracterizaciones. Aunque en el fondo, esto no es algo que no tengan otras series ambientadas en épocas similares, si es cierto que sirven como perfecto envoltorio a l oque realmente diferencia a “Penny Dreadful” de otras series fantásticas, su adulta naturaleza. Donde no ya solo la sangre y violencia que alberga, rayan por encima de lo que suele verse en televisión, también su contenido sexual, implícito y explícito en todos y cada uno de los episodios. 

Pero al final, gran parte del éxito o el fracaso de un producto serial como este, reside en el impacto de los personajes y por extensión, al trabajo de aquellos que se meten dentro de su carne y de sus huesos. En este sentido, la serie roza la perfección más absoluta gracias a un casting envidiable que no solo atesora nombres, también talento. Destacando sobretodos los demás, unos inconmensurables Eva Green (Vanessa Ives) por un lado, poco menos que una musa para aquellos que han seguido habitualmente su carrera y que aquí, le da un nuevo sentido al término “locura” así como una espectacular vuelta de tuerca a las posesiones demoníacas y Harry Treadaway (Víctor Frankenstein) por otro, a quien vimos recientemente en la inquietante “Honeymoon” y que aquí, aplasta al espectador delante del televisor con su portentosa interpretación. 

No están solos. El resto del elenco también brilla con luz propio dentro de esta inmensa oscuridad. Un recuperado para la causa Timothy Dalton encabeza un reparto compuesto, además de por los mencionados, por Josh Hartnett (“The Faculty”), Billie Piper (“Doctor Who”), Rory Kinnear (“007: Quantum of Solace”) y Reeve Carney (“The Tempest”), entre otros. 

Conclusión, en una temporada donde se debe compartir parrilla televisiva con series de tanto nivel y popularidad como “The Walking Dead”, “Hannibal” o “The Strain”, esta deliciosa, oscura, dramática y depravada mezcla de mitos literarios que es “Penny Dreadful” no solo destaca, sino que tras una brillante primera temporada, apunta a uno de los mejores shows que haya visto la televisión y por extensión, a una de las mejores propuestas a las que puede aferrarse cualquier aficionado al género, adicto o no a las series de televisión. Imprescindible. 

La curiosidad: Dos de los episodios de la primera temporada, están dirigidos por el español J.A Bayona (“El Orfanato”, “Lo Imposible”). 

Lo mejor: Todo. Destacando su ambientación, su generosidad en contenido adulto, la brillantez del reparto y la marcada personalidad de cada uno de los distintos episodios dentro de un único y homogéneo universo. 

Lo peor: Deja el listón muy alto a la hora de visionar otras series y el tortuoso camino que supondrá la espera, hasta poder degustar su segunda temporada.


Crítica: Under The Skin

“Under the Skin” es una película fría que intenta explicarnos la historia de una alienígena (Scarlett Johansson) que toma el cuerpo de una guapa mujerzuela para seducir hombres que se convierten en su comida. Sin embargo, a medida que pasa tiempo disfrazada de humana, empieza a sufrir cambios, llegando al punto de querer explorar qué significa ser un ser humano. En las manos adecuadas, una premisa así podría haber ofrecido una visión fascinante de la raza humana a través de los ojos de un extraterrestre que sólo los ve como mera comida, pero desgraciadamente, descubrimos muy pronto que los escritores Walter Campbell y Jonathan Glazer están perdidísimos en todo este potencial. 

CONTIENE SPOILERS No hay duda que los creadores están tomándonos el pelo durante la primera hora de metraje. Tal cual comienza la cinta, encontramos a la alien sin nombre intentando secuestrar hombres en el camión haciéndoles creer que está perdida. Tras intentarlo en varias ocasiones, finalmente consigue que uno entre en el camión para acabar en una sala negra completamente donde el hombre cree que se lo van a montar. No obstante, su destino no es más que hundirse en una misteriosa piscina que le consume. Tras esto, en vez de avanzar la trama hacia delante (¿hacia dónde sino avanza algo?), volvemos a ser testigos de la misma progresión de escenas, resultando en otro hombre que se hunde en la piscina misteriosa. Algunos pensaréis, desde luego con dos vamos servidos para hacernos una idea de a dónde van estos escritores. Pero no, vamos a poder ver la misma secuencia de eventos otra vez y otra vez unos 45 minutos de metraje; con la única diferencia de que uno de ellos es asesinado antes de llegar a la piscina. 

En algún momento llegamos al tramo que incluye la transformación del extraterrestre, pero dado que no hay desarrollo de personaje, ni desarrollo de trama o incluso alguna sustancia, es casi imposible empatizar con ella. Y ahí reside el mayor problema de Under the Skin, el hecho de que no hay sustancia en ninguna porción del metraje. No hay nada a lo que aferrarse, nada que estimule la mente emocionalmente o incluso como entretenimiento. Para aquellos que consigan no aburrirse como ostras debido a la naturaleza repetitiva de la mayor parte del metraje, aún resta la atmósfera monótona y apagada que da por conclusión la historia. Es triste pero la única salvación de la película son unos pocos visuales y la guapa Scarlett, que desgraciadamente sonambulea por el papel. 

Para finalizar debo decir que Under The Skin resulta ser uno de mis grandes chascos del año, especialmente tras el boom que ha ido flotando a su alrededor. No tengo claro en qué pensaban los escritores cuando montaban la historia pero desde luego debieron darse cuenta de que un acercamiento como este sólo serviría para tirar la cinta a un agujero. De hecho, es bastante irónico que escogieran un título así, ya cuando intentas mirar por debajo de la superficie, realmente no hay nada sumergido. 

A destacar, unas imágenes claras y brillantes que contrastan con algunas escenas oscuras en una estética muy potente. 

Conclusión: 

“Under the Skin” es una película hueca con una premisa fascinante que podría haber sido mucho más. En vez de una cinta monótona, tediosa en ocasiones y distante, podría haber sido una intrigante exploración de otra especie en la sociedad actual y la dificultad de adaptarse a todo lo nuevo. Si los escritores hubieran puesto un poco más de carne en el asador con la historia en vez de dar vueltas sobre lo mismo, quizá no sería la típica película de la que te olvidas cinco minutos de ver, milagrosamente, los créditos. Me hubiera encantado poder recomendarla pero me quedo con unas ganas terribles de ello.


lunes, 29 de septiembre de 2014

Crítica: Cold In July

Dicen que una vez existió un niño que no hablaba, que sólo caminaba y ponía nombres a los pájaros. Ese niño siempre estaba solo, y nunca nombraba a dos pájaros de la misma manera. Cuando creció, en un día muy frío de Julio, pisando la helada del amanecer, vio cuatro pájaros y les puso los siguientes nombres: culpa, tormento, arrepentimiento y miedo, y se quedó observando cómo el tormento, el arrepentimiento, la culpa y el miedo volaban alto para alejarse de esa helada de Julio y poder viajar hacia todos los lugares del planeta, para que así el mundo entero conociera sus nombres y no los pudiera olvidar jamás. Aquello pájaros nunca tuvieron hambre, aquellos pájaros sobrevieron al frío y a las tormentas, aquellos pájaros de ojos rojos, volaron mostrando su plumaje durante muchos años, hasta que en otro día frío de Julio, volvieron al lugar en el que se les dio nombre, y allí se encontraron de nuevo con aquel niño, que se había convertido en un hombre callado, de mirada fría. Los cinco se miraron y caminaron juntos sobre la helada.

"Cold in July" trata de miedo, de culpa, de arrepentimiento y de tormento, pero también habla de muchas cosas más. Nos habla de integridad, de inseguridad, de valentía, pero sobre todo de esas cosas que uno tiene que hacer. "Cold in July" es un thriller que atrapa como pocos, no sólo por su capacidad para generar tensión sin tener que recurrir a una acción constante, sino por su capacidad para conmover y desagradar al mismo tiempo.

La historia nos lleva a Texas, décadas atrás, a la casa prefabricada de una familia honrada que se ve asaltada una noche por un vagabundo que entra a robar. A partir de ese momento, todo cambia en la vida del protagonista, quien se ve arrastrado en una serie de tramas sucias de las que no puede permanecer ajeno. Desde el inicio, la película pide una empatía absoluta con los personajes, una empatía necesaria para continuar con las acciones y las reacciones que se proponen, de la misma manera en que continúan los personajes. La buena noticia es que esta empatía se consigue tan sólo con chasquear los dedos y ver aparecer a cada uno de los tres personajes principales de la película: Richard, Russel y Jim Bob.

El pájaro de la expectación sobrevuela constantemente sobre los espectadores durante los ciento nueve minutos que dura el metraje, y lo hace porque el guión es expectación pura y porque en esta adaptación de la novela homónima de Joe R. Lansdale, no se da puntada sin hilo. En "Cold in July", las vueltas del destino son constantes y son las que abren nuevos caminos para recapacitar sobre el bien, el mal, lo que se debe hacer y lo que se termina haciendo, en el espectador. No se puede decir otra cosa más que nos encontramos ante un guión sin fisuras, firme y directo pese a los pasajes lentos, que consigue a pesar de todo el dramatismo de la trama, apelar al optimismo de los actos del ser humano.

Y si el guión de Nick Dalmici, acostumbrado a acompañar al director de "Cold in July", Jim Mickle ( recordemos que ya trabajaron juntos en "Mulberry Street", "el remake de "We are what we are" y "Stake land"), junto con el propio Joe R. Lansdale es uno de los puntos fuertes de "Cold in July", no se puede dejar de alabar el trabajo de los que lo defienden, un irreconocible Michael C. Hall (Dexter), Sam Shepard y el recuperado Don Jonshon, que hacen un trabajo inconmensurable delante de las cámaras, dotando de fragilidad, bondad, dureza, dolor y honestidad a cada uno de sus personajes, a quienes el pájaro que el niño llamó destino, une en unas circunstancias desesperadas para cada uno de ellos, creando una extraña alianza más allá del sentido común, tan lejos como se encuentran a las personas que hacen lo correcto, por muy difícil que sea. En la mayoría de los casos, los pájaros no son más fuertes en bandadas, ni sólos, lo son cuando sobreviven a todo y a todos, y se hacen invencibles cuando los pájaros fuertes se unen en la misma dirección.

"Cold in July" envuelve una misma historia bajo diferentes historias, y lo hace desde varias perspectivas: paternales, individuales, desde una extraña amistad, pero sobre todo desde la más extrema necesidad. Así los giros y las subtramas, fluyen de una manera asombrosa pero nada forzada, y esta historia de personajes, avanza sin que se la pueda frenar. Cierto es que hacia la mitad de la película, se siente una pequeña bajada de ritmo, pero es leve y puede ser considerada como la inhalación para coger impulso y volver a exhalar un aire enrarecido, oscuro, lúgubre y taciturno que muestra desnudo lo que se pretende en "Cold in July", que es reflexión y serenidad cuando los cuatro pájaros que muestran las vidas de los tres personajes principales, arrastran las alas, para posarse en el lugar en el que deberían descansar estos tres diablos.

La fotografía de tonos azulados, la banda sonora, los paisajes, los silencios y sobre todo las miradas, componen un puzzle que se puede resolver fácilmente y que demuestra que la vida es dura y que sólo los duros tienen un hueco para la paz, donde hacer lo correcto, donde arriesgarse significa poder seguir adelante, porque aunque duela, aunque te tiemble el pulso, a los pájaros culpa y remordimiento, cuanto antes les abatas, antes podrás cerrar los ojos para dormir, y con culpa y remordimiento muertos, al pájaro del atormentamiento y el del arrepentimiento, huyen hacia zonas más cálidas. Es entonces cuando deja de hacer frío en Julio.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Crítica: Space Station 76

En el cine como en la vida, las cosas no son siempre lo que parecen. Y es que el debut detrás de las cámaras del hasta ahora actor, Jack Plotnik (“Los Padres de Él”, “Dioses y Monstruos”, Rubber”) no ha podido resultar más engañoso y desconcertante, pues tras el elaborado disfraz de ciencia ficción con el que se ha presentado a la fiesta, lo que esconde bajo los ropajes es algo bien distinto. En “Space Station 76”, la cual podrá verse en el festival de cine fantástico de Sitges, enrolada en una de sus ya míticas maratones nocturnas (junto a “The Last Days on Mars” y “Predestination”) no existe relación alguna entre forma y fondo. ¿Hacía realmente falta viajar más allá de las estrellas para contarnos lo que ocurría (y sigue ocurriendo) bajo ellas? 

Lo primero que llama sobremanera la atención en “Space Station 76”, es su puesta en escena. Todo un homenaje a las viejas cintas de ciencia ficción de los 70, donde un delicioso acabado visual vintage y una no menos sugerente banda sonora a base de rock setentero, nos meten en la máquina del tiempo de una parada en las posaderas para que nos transporte a otra época de nuestra vida. Aquella en la que las naves espaciales estaban decoradas bajo los designios de la gigante sueca Ikea, con minimalismo, frialdad y ese tan característico aroma a transistor y soldadura de estaño. Las connotaciones visuales a clásicos del género de aquellos años, son cuasi infinitas y lo cutre (claramente de forma deliberada) de los efectos especiales, funciona a modo de lubricante a la hora de encarar tan erotizante travesía hacia placeres del pasado. 

Plotnik prostituye la ciencia ficción en pos de sus intereses y a modo de reclamo para reunir alrededor del fuego bajo un cielo estrellado a un público que de otra forma, dificilmente se habría acercado a una propuesta como la suya, que no es otra cosa que una sátira social sobre la década de los setenta a modo de comedia negra y algún que otro tinte dramático, Por lo que nadie espere nada remotamente parecido a una película de ciencia ficción pese a que la acción esté ubicada en una estación espacial, para ser concretos, en la Omega 76, una de muchas donde la humanidad subsiste, después de un supuesto éxodo del planeta tierra. 

Con el personal ya engatusado y con la entrada comprada, el director comienza a desgranar una a una, todas las críticas sociales que se le antojan (muchas de ellas aun por desgracia, aplicables a nuestros días). La relación de pareja, la soledad, el sexismo, las adicciones, la infidelidad o la homosexualidad, son algunas de las fuentes energéticas que a modo de fuerza gravitatoria, mantienen a la película en órbita. Todo ello desde una óptica pseduo cómica que no termina de resultar creíble en ningún momento y que parece contagiarse de la frialdad de las blancas estancias en las que se desarrollan los acontecimientos, los cuales, pasan sin pena ni gloria (unos más que otros) ante la indiferente mirada de un espectador que solo en formato de rara avis, sabrá encontrar los alicientes necesarios para seguir conectado a la historia. 

El director se ha rodeado eso si, de un buen puñado de caras conocidas para darle algo de empaque a la obra. Teniendo a dos de los personajes protagonistas vestidos con los rostros de Patrick Wilson (“Watchmen”, “Expediente Warren”) y Liv Tyler (“El Señor de los Anillos”, “Los Extraños”). Matt Bomer (“La Matanza de Texas: El Origen”), Jerry O´Connell (“Piraña 3D”) y la joven Kylie Rogers (“Shooter”), les acompañan en este intento liviano, de retratar a una sociedad estadounidense, la de los setenta, que ya ha sido pintada en lienzos mucho más interesantes que el que nos ocupa. 

Si bien es cierto que la cinta contiene algunos destellos de brillantez, como ciertas metáforas bastante bien paridas y otras tantas sátiras y auto-parodias al género de la ciencia ficción, la realidad es que su poco más de hora y media de metraje, se eterniza hasta el infinito del universo de forma exponencial al conocimiento absoluto del espectador sobre lo que está viendo y su certeza, de que la cinta, pasada su primera mitad, ya no tiene nada más que ofrecer, que girar una y otra vez hasta la extenuación sobre el mismo orden del día. 

En definitiva, “Space Station 76” es una comedia negra (o más bien gris, si nos ponemos algo rigurosos) del montón que ni engancha, ni sorprende, ni da demasiado para pensar sobre nada que no se haya propuesto antes en títulos mucho mas incisivos y ácidos, donde cuesta horrores, encontrar elementos a los que aferrarse para no desconectar de la insípida trama y anodinos personajes. Desde luego, si alguien quiere degustar un buen plato de ciencia ficción a partir de la semana que viene en el festival de Sitges, esta no sería la mejor opción. Que a nadie le engañen sus seductoras formas... mucho menos, a según que horas de la madrugada. 

Lo mejor: Su estética vintage inspirada en la ciencia ficción de los sesenta y setenta. Entrañable.

Lo peor: Solo se queda en eso, en estética. Y la falta de interés que genera la trama, insulsa a todos los niveles, desaprovechando algunos tabúes interesantes de la época que podrían haber dado bastante juego.


viernes, 26 de septiembre de 2014

Sitges 2014: Festival de series

Sitges 2014 proyectará las últimas tendencias en series de TV fantásticas. 

Serial Sitges programa diez producciones de este sector emergente. 

El Festival abre una puerta a la televisión de género con la nueva sección Serial Sitges, que recogerá la presentación de series televisivas de género fantástico y thrillers, así como TV movies, web series y formatos parecidos. La nueva sección se incorpora a la parrilla del Festival con el fin de albergar a un creciente y emergente sector, el de las series de género fantástico, por el que las cadenas televisivas están apostando fuerte en este momento. Serial Sitges lo patrocina el FNAC y se proyectará en la Sala Tramuntana del Hotel Meliá Sitges, con entrada gratuita. 

Serial Sitges es la respuesta a la experiencia inicial que el Festival desarrolló el año pasado en la misma Sala Tramuntana con notables resultados por parte de sus fans. La sección ha programado diez títulos este año, entre ellos se encuentran preestrenos como Fargo, uno de los actuales éxitos en Estados Unidos. 

El primer capítulo de Fargo se emitirá en Sitges el viernes 10 por la noche, dos días antes de que Canal+ lo estrene para sus abonados. Se trata de un thriller inspirado en la particular atmósfera de la película de los hermanos Coen, que aborda los enigmas en la ciudad del mismo nombre antes de la aparición de Batman, y que también estrenará Canal+. 

En el apartado de estrenos de Serial Sitges resalta The Knick, realizada por Steven Soderberg y protagonizada por un Clive Owen en el papel de cirujano, y de la que se ha programado el primer episodio. Las otras dos presentaciones de Serial Sitges son producciones de animación: Robot Chicken –con un capítulo dedicado a Star Wars– y Rick and Morty, dirigida a un público adulto que narra las aventuras de un científico alcohólico y de su nieto. 

A estas producciones se añaden unas sesiones de conocidas series por parte del público: Juego de Tronos no faltará en esta cita televisiva, con la proyección del último episodio de la cuarta temporada. Canal+ presenta también el primer capítulo de la segunda temporada de la serie británica Utopía. Por otro lado, TNT ofrece el primer capítulo de la octava temporada de The Big Bang Theory, mientras que Warner Bros aporta un episodio de la aclamada serie de intriga True Detective, nominada a los Emmy, entre otros premios. 

The Darkside es otra interesante propuesta de Serial Sitges, donde se presentarán seis capítulos de esta serie que reúne una colección de cuentos del más allá procedentes de diversos puntos de Australia. Esta proyección se realiza en paralelo al film del mismo nombre que programa el Festival en la sección de Noves Visions – No Ficció. 

Serial Sitges se proyectará en la Sala Tramuntana, uno de los dos puntos –junto con el espacio FNAC– donde el Festival programa actividades paralelas. La agenda de estas dos salas incorpora un apretado calendario con coloquios, presentaciones, clases magistrales y sesiones profesionales, que permitirá ofrecer propuestas complementarias a las parrillas de las salas cinematográficas.

Programación Serial Sitges 

The Big Bang Theory 

La noche para los más freakis del festival. Proyección del primer episodio de la 8ª temporada de The Big Bang Theory, cargado de sorpresas. Viernes, 3 de octubre, 22,30h. 

Robot Chicken. Especial Star Wars 

Episodio especial dedicado a Star Wars de la serie Robot Chicken. Una serie de animación que utiliza la técnica Stop-motion, creada por Seth Green y Mathew Senreich. La serie parodia una sucesión de situaciones en las que se involucran series de televisión, actores de cine, músicos y video juegos. Sábado, 4 de octubre, 15h. 

Rick and Morty 

Rick and Morty, una serie de animación norteamericana dirigida a un público adulto. Nos presenta a Rick, un científico alcohólico y a su nieto Morty, en sus aventuras en dimensiones alternas, que acostumbran a causar problemas en la familia de Morty, constantemente atrapados en el caos. Sábado, 4 de octubre, 15.45h 

Juego de Tronos 

Proyección del último episodio de la 4ª temporada de Juego de Tronos, una exitosa serie internacional basada en la saga de las novelas de fantasía escritas por el autor norteamericano George R.R. Martin. Domingo, 5 de octubre, 20h 

Utopía 

Iniciada la segunda temporada de la mini serie británica Utopía, creada y escrita por Dennis Kelly, supuso una gran sorpresa la temporada pasada. Jessica Hyde permanece secuestrada en manos de la Red, que sigue observándolo todo, mientras Becky, Ian, Grant y Wilson se han dispersado. Aunque la conspiración en torno al experimento Jano no es algo de los que puedan escapar fácilmente y ellos lo saben… Lunes, 6 de octubre, 20h. 

Gotham / True Detective / The Knick 

Presentación del primer episodio de Gotham, una de las nuevas series más esperadas de la temporada basada en los personajes creados por Bob Kane de DC Còmics. Una serie que se introduce dentro de los misterios de la ciudad de Gotham antes de la aparición de Pingüi, Catwoman y Batman. Inmediatamente, se proyectará el primer capítulo de True Detective y a continuación se presentará el primer episodio de The Knick, una serie creada por el gran realizador y productor Steven Soderberg y protagonizada por Clive Owen y que penetra por los pasillos del Hospital Knickerbocker de Nueva York, donde un prestigioso cirujano no duda en sobrepasar los límites de la ética y de la moral a favor de la investigación científica. Gotham, True Detective y The Knick forman parte de la programación de Canal+. Martes, 7 de octubre, 20h. 

The Darkside 

Proyección de seis episodios de la miniserie The Darkside, que reúne una colección de cuentos del más allá procedentes de diversos puntos de Australia. Un serie que también cuenta con un largometraje que se podrá ver en Sitges 2014. La proyección será en versión original . Jueves, 9 de octubre, 21.30h. 

Fargo 

Preestreno de la segunda temporada de la serie Fargo, inspirada en el peculiar universo creado por los hermanos Coen de la película Fargo (1996). Un hipnótico thriller cargado de suspense y de humor negro, que se ha consolidado como una de las mejores series del año. Un éxito avalado con tres premios Emmy a la mejor miniserie, mejor dirección de miniserie y mejor casting de miniserie. Fargo también la han premiado con el Critics Choice Award a la mejor miniserie. El preestreno en Sitges coincide con su estreno en Canal+. Viernes, 10 de octubre, 22h.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Crítica: Así en la Tierra como en el Infierno

John Erick Dowdle es un tipo bastante inteligente que a la hora de dirigir, sabe perfectamente las limitaciones a las que se enfrenta y las convierte en un handicap marca de la casa para así aprovechar al máximo una idea, por trillada que ésta sea. 

Sorprendió a propios y extraños con esa magnífica película “ida de olla” en que se acabó convirtiendo su primer largo, “The Poughkeepsie Tapes” en 2007, consciente de que el mal rollo que desprendía aquella le granjearía más alabanzas que críticas. 

Retomó el found footage al año siguiente con la descarada “Quarantine”, traslación a la americana casi plano por plano de la aún muchísimo mejor REC de Balagueró y Plaza (ay, qué ganas de Sitges ya), pero logrando que su producto no fuera ni mucho menos detestable y se distanció un poco de la buena racha, descarriándose con la convencional y bastante mala “La trampa del mal” de 2010, rodada con el único aliciente de ser una historia-mala y hasta cateta por momentos- de Shyamalán.

Ya quisieran muchos en un mundo como Hollywood llevar esta carrera a su tierna edad. En "Así en la Tierra como en los infiernos" nos cuenta, con un guión elaborado mano a mano con su hermana Drew, ni más ni menos que una versión adulta-y chapucerilla- de los Goonies ( Richard Donner y Steven Spielberg me perdonen) , consciente de que ese tipo de peli, la de “pandillas Scoobies” en busca de un tesoro-en este caso la piedra filosofal, la de Harry Potter, sí- nunca va a dejar de estar de moda y tienen un puntito canalla que las hace empatizar con un público joven por aquello de la ley de la correspondencia y la aventura, y más aún si se les da un cierto toque oscuro y terrorífico. Y “As above, as below”, lo hace. 

Lo envuelve todo con un refrito, bastante cutre a ratos, todo sea dicho, de alquimia para nerds, Nicolas Flamel y teoría conspiranoica de Cuarto Milenio, Dante para alumnos de la ESO y filosofía new age caduca. Pero con cierto aire terrorífico e incluso psicológico que hace que no nos aburramos ni un solo segundo, y eso, amigos, a día de hoy ya es casi para tirar cohetes... 

Scarlett (la buenorra de Perdita Weeks, una preciosidad) es una chica intrépida y desinhibida a lo Lara Croft, que decide seguir los pasos de su padre suicida explorador en Irán y descubre una pista oculta durante milenios, que le llevará a otra escondida durante siglos, que a su vez le llevará a otra y así hasta el final, acompañada de una chupipandi compuesta por George (Ben Feldman), el amor de su vida al que dejó plantado en una cárcel turca, que aquí ejerce de traductor de arameo, Benji (Edwin Hodge), el cámara y técnico que coloca las cams subjetivas en cada cabeza y la pandillita francesa de un tal Papillon (el buenorro de la peli, François Civil), Siouxie y El Topo. 

Con esta mecánica, y usando el mockumentary tanto para bien (la sensación subjetiva ayuda mucho a empatizar con el rollo claustrofóbico que da la cámara en mano dentro de una cueva) como para mal (a veces se diluye la imagen y los sustos se suceden aunque no veamos muy bien qué es lo que nos asusta, lo cual, claro, le sale más barato, oiga) "As Above, So Below" se convierte, no en su peor -la del ascensor es espantosamente mala-pero casi, en uno de sus trabajos menos elaborados, con menos presupuesto, o al menos peor aprovechado y con más hilos pendientes, pues el desarrollo es bastante lineal, el guión está muy poco pulido y la incongruencia se apodera de la mayoría de las decisiones de nuestra protagonista, desconcertándonos por completo y dejando a la peli carente de emoción casi absolutamente. 

La historia nos lleva hasta las catacumbas de París-reguleramente recreadas- donde se encuentran las puertas, agárrense los cinturones, del mismísimo Infierno. Un Infierno mucho menos dantesco de lo esperable, con cruces de bóveda a lo Código da Vinci, escarabajos abretumbas a lo The Mummy y El secreto de la pirámide, coros satánicos muy Donner y donde cada uno de los exploradores sólo tiene que purgar sus errores y pecados, o reconocerlos en voz alta, que al final nos quedamos sin presupuesto, para salir del mismo. Y poco más que decir, la verdad... 

Lo mejor: Es entretenida a rabiar. Tiene dos sustos de los buenos, buenos.

Lo peor: No explota los maravillosos recursos narrativos y cinematográficos que cabría esperar y deja muchos hilos sueltos. Es un verdadero pecado no indagar en el coro satánico de plañideras chungas (con diferencia el mejor momento de la cinta) ni en la historia de "El Topo". 

Recomendable como lo que es, un divertimento que nos recordará que las pelis de nuestra infancia al final, va a ser verdad que eran mejores y con más enjundia, sin llegar a ser desde luego desdeñable por completo ni mucho menos.


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