lunes, 15 de septiembre de 2014

Crítica: Transformers 4: La Era de la Extinción

Hace muchos años, que el cine mainstream se ha adelantado a sus fechas veraniegas para ofrecer aquel cine de consumo de alto presupuesto, que estaba destinado a arrasar en taquilla; poco a poco, las grandes productoras han preferido seguir con productos que funcionan la mar de bien, antes de arriesgar y producir productos que puedan ser del agrado de las audiencias sin la necesidad de repetirse cada dos o tres temporadas, creando una franquicia que lo único que consigue es extenuar al espectador. Con esta introducción nos adentramos dentro de la franquicia TRANSFORMERS dirigida por el muy criticado Michael Bay, y que como siempre ha conseguido que otro de sus films sea de los más taquilleros del verano. 

Cierto es que el cine de Michael Bay -si es que podemos llamarle así como cine autoral y personal- no suele gustar a la mayoría de críticos, que desprenden todo su ácido crítico encima de cada uno de los films que el director crea, pero en este caso en mi humilde opinión Michael Bay, propone un cine cercano al que tanto le gusta a Roland Emmerich pero con cierta personalidad dentro del mainstream más comercial. Sea cual sea la película, desde su notable “La Roca” (The Rock, 1996), “Pearl Harbour” (2001) o “Dolor y dinero” (Pain & Gain, 2013), el director muestra unos tics que lo diferencian de los demás y que son reconocibles para el fan y el no tan fan de su cine. En este sentido, el cine comercial de Michael Bay, nos sumerge en un mundo desprejuiciado, vacío, inocuo y de alta velocidad que no agradará a los más eruditos, pero sí que es cierto que muchas de sus películas encuentran el público suficiente para entretenerse con sus películas; el mayor problema de sus tics, es la predisposición a ser cada vez más, más exagerado que la anterior ocasión por lo que su cine sufre de una dilatación extenuante de la acción con el propósito de hacerlo todo majestuoso y pomposo, podríamos decir que su cine se acerca a esa idea que propició el Rococó, extrapolando las características más esenciales del arte Barroco, buscando en la exageración una forma esencial de identidad. 

Entonces, no es de extrañar, la megalómana decadencia de su filmografía, que poco a poco ha sabido centrarse en efectos especiales increíbles y planos en batería para provocar una orgía imaginaría que únicamente llega a agotar al espectador y llevarle hasta el más insufrible de los ataques epilépticos posibles. Pero a pesar de tales defectos -que son muchos- su cine en ocasiones, cuando ha sido limado de exageraciones y ha sido llevado por buenos actores, ha conseguido productos mínimamente decentes, ya sean thrillers de acción como la anteriormente mencionada “La Roca”, de la que siempre tendré un grato recuerdo, al igual que la histórica y épica “Pearl Harbour” que tampoco está tan mal y la infravalorada “La Isla” que a pesar de ser una copia descarada de “La fuga de Logan” (Logan's Run; M.Anderson, 1976), es un producto bastante correcto. 

Por otro lado, M.Bay buscó inspiración en aquellos míticos juguetes de la Hasbro para hacer una película, y debo decir que después de retener en mi cerebro la gran serie de dibujos animados -que en mis años mozos la emitía antena 3-,volver a ver a Optimus Prime me llenó de gran satisfacción, no sólo por demostrar que los efectos especiales eran de gran calidad sino que además fue el descubrimiento de un gran cuerpo femenino, llamado, MEGAN FOX. La primera piedra de la franquicia, aposentó detalles deleznables para ese tipo de películas: humor socarrón, protagonistas estúpidos, acción desproporcionada y guiones inexistentes, por lo que la segunda parte “La venganza de los caídos” me resultó un decepcionante jarrón de agua fría, que después consiguió alegrarme con la simpática “El lado oscuro de la luna” que supo limar todas aquellas mala aristas que habían sido el talón de Aquiles de los dos films anteriores, aunque siempre siguiendo con unas pautas muy bien marcadas y más, cuando estamos delante de proyectos con costes que van desde los 150 a 210 millones de dólares. 

En esta ocasión, la cuarta parte llamada “La era de la extinción” cambia ciertos aspectos que me chirriaban en las anteriores entregas; una de ellas, Shia LaBeouf, un actor al que no le tengo ningún respeto y del que nunca he visto creíble en ningún papel, cuyo cambio con Mark Wahlberg es mucho más que satisfactorio; otro de los aspectos, es la dosificación de la acción, cuya cuarta entrega se encuentra mejor organizada y planificada aunque sus 45 últimos minutos son de una borrachera digital apabullante, y finalmente destacar una intención de proponer una historia lineal, pero convincente que en su primera hora es más que correcta. Pero a pesar de ser un fan de esta franquicia, cabe decir que ahora se acercan los grandes peros de la película; sí es cierto que Mark Wahlberg es mucho mejor que LaBeouf, su personaje es plano pero sabe aportar el suficiente carisma como para hacerlo creíble, a más de saber llevar a su terreno propio las bromas que intentan romper la trepidante acción que se acontece a lo largo del film, pero de todas maneras a pesar de su esfuerzo, el guión es tan soso que se hunde por todos lados. Mejor parados salen actores como Stanley Tucci y Kelsey Grammer, que demuestran disfrutar de sus paupérrimos personajes de una forma desvergonzada -sobre todo Tucci que es toda una delicia- , a diferencia de los sosos y que lucen palmito, Nicola Peltz y Jack Reynor, cuyos personajes son excusas de guión para rellenar, y dar más empaque a la parte humana y así no dejar que sólo salten autobots y decepticons por toda la pantalla. 

Por otro lado, la historia no deja de ser pueril y desprovista de originalidad, aunque si que cabe destacar la idea de la creación por parte de una empresa privada de nuevos transformers que los puedan controlar ellos mismos, por lo que los auténticos transformers ya no son necesarios en la Tierra ya que los humanos han conseguido crearlos a imagen y semejanza, a través de una caza indiscriminada de autobots y así obtener su materia prima para construir los nuevos; pero más allá, sólo queda una línea de explosiones y viajes por todo el planeta -finalizando en China, para así agradar al país asiático y conseguir mayor recaudación- y proponiendo el entretenimiento que prometían. 

Cierto es, que como mencionaba antes, la primera hora del film es de una tremenda agilidad con los mínimos elementos, y abandonado las grandes explosiones y efectos especiales, pero poco a poco cuando el film se centra en la aventura de los autobots por detener una extraña caza de brujas contra ellos por un sinfín de territorios, uno acaba cansándose aunque se deleite con las magníficas transformaciones a cámara lenta y la acción exageradamente indigerible que se acontece en segundos y que en su tramo final llega al coma etílico. Es en esta última parte final, cuando la cuarta entrega de Transformers cae en los más llano si es que no había caído antes, añadiendo esos personajes prometidos que son los dinobots, una excusa más de guión para dejar rienda suelta a los efectos especiales hasta empachar en exceso y tener que cerrar los ojos. 

En conclusión, esta cuarta entrega no es lo mejor de Bay, ni lo será, ya que simplemente estamos delante de un cine de consumo de clase A, que simplemente es fabricado para reventar taquillas -cuyos 1.077 millones de dólares son una palpable prueba de su éxito- y obtener beneficios a raudales a través de todo un mercado posterior de merchandising. En mi opinión, se podía haber hecho una buena película, ya que la simpleza argumental no estaba tan mal esbozada, y con una mayor profundidad y una sabía colocación de los efectos especiales y de la acción, hubiera sorprendido que una película con robots que lo destrozan todo podría entretener a todos los niveles; aveces, no todos los espectadores tenemos la necesidad de tenernos que arrancar las retinas al ser incapaces de retener tanta diarrea digital.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Crítica: Killers

Tú eres un asesino, pero ¿ puedo serlo yo también?. Las dudas pueden ser nuestras peores enemigas, ciertas dudas pueden convertirse en nuestro asesino más salvaje, porque cuando te planteas esas dudas, la respuesta ya la tienes clara, no hay marcha atrás, te has convertido en él, en aquello de lo que huyes, en el reflejo en el espejo del asesino, en el agua manchada de sangre que corre por el lavabo cuando uno, después de matar, quiere quedarse limpio por fuera porque pretende que la sangre de la víctima sólo permanezca por dentro, en el recuerdo, en lo más íntimo. 

No hay que devanarse mucho los sesos (intentamos dejarlos dentro de la cabeza mientras podamos), para averiguar que "Killers" va de asesinos, que "Killers" es un thriller psicológico que nos lleva a dar un paseo por el infierno, dando un buen rodeo, por la recreación del mal, para terminar en el drama más teatralizado. "Killers" nos habla de personas que dejan de serlo, y de personas que nunca lo fueron. "Killers" no habla de instintos, "Killers" nos habla de pérdidas y necesidades. 

The Mo Brothers vuelven a traernos una bomba, pero esta vez no lo hacen como siempre, tirando por la magnificencia de la animalada, de la transgresión de los límites, de la recreación de las mayores pesadillas, esta vez, la bomba viene de la manera más pausada, esta vez viene dada por el guión, por la bonita estampa de la visualización de los errores ajenos. Esta vez Timo Tjahjanto y Kimo Stamboel se dejan seducir por el interior del mal, en lugar de por el exterior. 

Recordemos que estos chicos malos de Tailandia, asomaron la patita con "Macabre", donde no inventaban nada nuevo, pero demostraban que el gore era lo suyo. Por su parte, el sr. Tajhanto en solitario, tuvo su momento de gloria absoluta con aquella deliciosa mostruosidad llamada "Safe Heaven" en la antología "VHS 2", y nos gritó que sabía dejarnos muy mal cuerpo, con la malrollera " L is for Libido" de otra antología mítica: "The ABC´s of death". Con estos antecedentes, "Killers" era de lo más apetitoso del año. 

Para rodar "Killers", the Mo Brothers, decidieron rodearse de caras conocidas en sus antiguos trabajos y también de caras conocidas para el gran público, poniendo de nuevo en escena a un par de actores que ya se vieron las caras en "The Raid 2: Berendal", como son Oka Antara y Kazuki Kitamura, que cumplen a la perfección con el papel que les han asignado. Por una parte, tenemos a Nomura, al gran hombre poderoso que podría tenerlo todo y está absolutamente vacío. Un asesino pro en Japón, que cuelga todos sus crímenes y torturas en la red, imagino que en una página para perturbados, en busca de alguien con quien hermanarse, alguien que le comprenda, alguien que entienda que matar no significa más que liberar a la otra persona de una vida que definitivamente no merece la pena ser vivida, y que es más muerte que propia vida. Por la otra, tenemos a Bayu, un periodista en horas bajas que se obsesiona con los videos de los asesinatos de Nomura y que pronto descubrirá que el lado oscuro lo tenemos todos dentro y que lo mejor es no dejarlo salir. 

Bayu y Nomura son los personajes rotos que los Mo Brothers destruyen aún más, pues como es habitual en el cine asiático, los planos largos, los silencios, los excesos de tiempos y la repetición, acentúan la apatía de dos personajes opuestos, que se encuentran sin buscarse y que se mimetizan sin entender que son el gato y el ratón que corren por unas calles que no llevan a ninguna parte. Como decía casi al principio, aquí todo gira en torno a un guión simple, el asesinato y sus motivos o la falta de ellos, pero en la construcción de los personajes, nos encontramos la complejidad que una película de estas características necesita, pues no sólo hablamos de acción o drama, sino de la necesidad de rellenar huecos, por lo general afectivos, que poco tienen que ver con la visceralidad, con la pulsión de matar sin pensar, sino que más bien atienden a una de las mayores necesidades del ser humano, que es la de competir para ganar, porque esa es la verdadera forma de sentirse vivo. 

El problema, el drama viene, cuando lo que comienza como competición, incluso como ofrenda al contrario, desemboca en una asimilación no correspondida y en el despertar, tanto de instintos, como de realidad. En cada caso, lo que se despierta es lo opuesto a lo que se tiene, así la locura se enfrenta a la cordura, el amor a la falta de sentimientos y el deseo de venganza al simple juego de la superioridad. En "Killers" se mata porque se puede, se disfrace este hecho de justicia o de disfrute, simplemente matan porque pueden hacerlo, porque imagino que lo más complicado de quitar una vida es saberse capaz de hacerlo. 

Con todo lo comentado de "Killers", entenderéis que es un caramelito para el aficionado al terror, pues aparte de la estupenda composición de los personajes, el film no carece en absoluto de gore y escenas desagradables, que no son el eje del mismo, pero sí añaden un plus de teatralidad a lo que realmente se nos está contando. 

Pero como no todo iban a ser flores para los muertos, como punto negativo tenemos una serie de cabos sueltos, que no terminan de entenderse bien, y que para mi son claves para comprender la evolución de Bayu, y también , como suele ser habitual en las propuestas asiáticas, que le sobran unos treinta minutos de metraje, ya que a veces da la sensación de que lo que se nos está contando con una larga escena, ya lo habíamos entendido perfectamente en una escena anterior. 

Una narración fría y a la vez sucia, sobre personajes hundidos y renacidos a través de la muerte. Todo un descenso por el aterrador barranco de la desesperanza. El paso que nadie debería dar. No os lo perdáis.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Crítica: The Rover

Inherente al ser humano como consecuencia de su infinita (y voraz) capacidad de conocimiento se manifiesta continuamente sus ganas por saber el futuro. Desde los que pretenden saber qué les deparará la semana ojeando el horóscopo de la revista de turno, hasta los que intentan modelizar (matemáticamente) la realidad para anticiparse a los movimientos de los mercados financieros, pasando por los artistas que elucubran sobre la sociedad del futuro (próximo o lejano). 

La literatura y el cine nos han descrito en incontables ocasiones lo que está por venir, siendo en la mayoría de los casos el panorama descrito un descorazonador mundo post-apocalíptico donde los supervivientes regresaban a un primitivismo brutal donde impera la ley del más fuerte o distopías donde férreos gobiernos autoritarios (y generalmente corruptos) someten a sus ciudadanos. Pero todas esas diferentes visiones tienen algo en común, consiguen que nos proyectemos como espectadores en esas historias y nos planteemos cómo actuaríamos nosotros en el caso de sobrevivir a un holocausto nuclear, a un apagón digital o un gobierno ultra-conservador que nos subyuga. 

Tal vez, la muestra más representativa y famosa de este tipo de cine sea la fabulosa trilogía de Mad Max creada por George Miller (¡ansío enormemente poder ver la nueva entrega del guerrero de la carretera!), aunque existen infinidad de títulos, de mayor o menor calidad, como: El Libro de Eli, Waterworld, 1984, Mensajero del Futuro, V de Vendetta, El Imperio del Fuego, Stake Land, Cyborg, Snowpiercer o 1997: Rescate en Nueva York. 

The Rover, el segundo largometraje de David Michod, que sorprendió con su interesante debut Animal Kingdom, se circunscribe dentro del cine mencionado y podría definirse como un western post-apocalíptico con tintes de drama nihilista. 

La historia nos sitúa en Australia, diez años después del colapso mundial, es curioso contemplar en el film cómo a pesar del hundimiento de la sociedad todo se sigue rigiendo por los combustibles fósiles y los dólares americanos, y donde se nos presenta a un tipo anónimo (aunque en los créditos finales aparece como Eric), solitario y taciturno, interpretado por Guy Pearce, que vaga por desérticas e inhóspitas carreteras de un mundo descompuesto. En un momento determinado se cruzan en su camino tres delincuentes que huyen después de dar un golpe, robando el coche de Eric cuando el de estos queda atorado como consecuencia de un accidente. Eric se lanza en una desesperada persecución por recuperar su coche, con la compañía, fruto del azar, de Rey (Robert Pattinson), que es uno de los integrantes de la banda, que se encuentra herido, y al cual sus compinches, entre los que se encuentra su hermano, daban por muerto. A lo largo de la búsqueda del coche, la violencia y los instintos más salvajes afloran deparando un reguero de sangre y muerte. 

Michod nos propone un film mucho más próximo a un híbrido entre el atípico western La Propuesta y la excelente pero depresiva adaptación de la novela de Cormac McCarthy, La Carretera, ambas del director, también de origen australiano, John Hillcoat, que de la anarquía trepidante y salvajismo punk de Mad Max. 

Como en Animal Kingdom, David Michod, vuelve a mostrar un talento enorme en la composición de las escenas (asombroso el uso del gran angular). A través de una planificación muy cuidada, un uso exquisito de la fotografía (pocas veces se nos ha mostrado Australia tan maravillosa y árida a la vez), una dirección artística minimalista que realza el deterioro y suciedad imperante y una banda sonora oscura y repleta de sonidos enigmáticos y chirriantes, se transmite formidablemente bien la sensación de vacío, desamparo y amenaza que tanto la sociedad como los personajes manifiestan. 

Además de lo mencionado, los dos actores principales, Guy Pearce y Robert Pattinson, nos brindan dos actuaciones sencillamente magistrales. El primero, como anacoreta errante que arrastra consigo un oscuro y complejo pasado que le atormenta, y el segundo, sin duda en el mejor papel de su carrera (donde demuestra que es muchísimo más que un rostro que ha encandilado a miles de jovencitas), como un pobre deficiente que no es consciente del despiadado mundo que le ha tocado vivir. (Un consejo: véase la película en versión original, pues cómo modulan la voz y enfatizan el acento estos dos actores para llenar de matices sus personajes es portentoso). 

Con los mimbres mencionados deberíamos estar ante una de las grandes propuestas del año, yo así lo pensaba desde que supe de la existencia del proyecto y máxime después de ver el tráiler, pero por desgracia el páramo cruel, despiadado, angustioso y desolado en el que se ha convertido la sociedad, según la historia, donde humanos sin anhelos deambulan entre chatarras y ciudades fantasmas saqueando y asesinando, mostrando el lado más vil, agresivo y absurdo de la vida, sólo consigue contagiarme aburrimiento y sopor, debido a un guión que resulta frío e incoherente (en sus diálogos y acciones) en lugar de intenso y profundo. ¡No puedo empatizar con unos personajes herméticos cuyas motivaciones me son incomprensibles! Y si encima, sumamos un ritmo moroso con grandes altibajos que consigue que mire el reloj en varias ocasiones a lo largo del metraje la propuesta me resulta totalmente decepcionante. 

Estoy seguro que muchos no estarán de acuerdo con mi análisis y sabrán disfrutar y extraer toda su esencia a esta arriesgada y por momentos interesante propuesta del señor Michod, cuya personalidad propia y talento es innegable (y habrá que seguir de cerca), pero, por desgracia, el loable esfuerzo por facturar algo serio, adulto y distinto, dentro del trillado subgénero del futuro apocalíptico, se ha quedado en un indolente intento.


martes, 9 de septiembre de 2014

Sitges 2014: Banderas y cita con el mejor fantástico

Antonio Banderas recibirá el Gran Premio Honorífico por su trayectoria cinematográfica y presentará ‘Autómata’, de la que es protagonista.


Producciones de género que han despertado un gran interés en Cannes, Venecia, Toronto o Sundance estarán en la Sección Oficial Fantàstic Competició de Sitges 2014. El Festival recoge la variedad temática y conceptual del género de nuestros días destacando la presencia de óperas primas y talentos emergentes, al lado de nombres consagrados. 

La Sección Oficial Fantàstic a Competició de Sitges 2014 incluye Goodnight Mommy, del dúo austriaco emergente formado por Veronika Franz y Severin Fiala, una película que llega del Festival de Venecia en la que el terror psicológico empieza cuando dos gemelos sospechan que su madre no es su madre, sino alguien que se está haciendo pasar por ella. Spring es el nuevo título de Justin Benson y Aaron Morread, que también entra en la programación de Sitges 2014 y que estos últimos días ha triunfado en el Toronto Film Festival: en él, los responsables de Resolution (2012) explican la historia de un joven que emprende un viaje hasta un pueblo del sur de Italia, allí vivirá un romance con Louise, de la que pronto descubrirá que esconde un secreto que podría destruir la historia que habían empezado a construir. Un film que ha tenido muy buena acogida en Cannes es When Animals Dream, de Jonas Alexander Arnby, que estará en Sitges para mostrar como una adolescente de diez y siete años padece una enfermedad degenerativa que la va convirtiendo en licántropo. Durante su transformación, inválida en una silla de ruedas, tendrá que lidiar con su familia y los habitantes del pueblo que la van acorralando para acabar con su potencial peligro animal. 

Aún dentro de la Secció Oficial Fantàstic a Competició, hay que destacar los títulos siguientes: la producción catalana L’altra frontera, de André Cruz Shiraiwa; The Signal, de William Eubank; Réalité, de Quentin Dupieux; Over Your Dead Body de Takasi Miike; la española Pos eso, de Samuel Ortí Martí; Oculus, de Mike Flanagan; Cub,de Jonas Govaerts; I Origins, de Mike Cahill; Jamie Marks is Dead, de Carter Smith; These Final Hours, de Zik Hilditch; Sword of Vengeance, de Jim Weedon. Estos films se suman a los ya anunciados ja Aus yeux des vivents, d’Alexandre Bustillo i Julien Maury; Alleluia, de Fabrize Du Welz; It Follows,de David Robert Mitchell; The Babadook, de Jennifer Kent; A Girl Walks Home Alone at Night, d’Ana Lily Amirpour y The Voices, de la reconocida autora de cómicos Marjane Satrapi. La lista completa se dará a conocer la semana que viene. 

En cuanto a la Secció Fantàstic Panorama, Sitges 2014 contará con Let us Prey, del irlandés Brian O’Malley; Fièvre, de Louis Deluc; Preservation,de Critopher Denham; Honeymoon, de Leigh Janiak y Creep, de Patrick Brice. Títulos que se unen a Late Phases, d’Adrian García Bogliano y a la neozelandesa Housebound, dirigida por Gerard Johnstone. 

Fantàstic Panorama también programa tres películas incluidas en la tipología de films codirigidos por diferentes directores y presentados en formato de capítulos. Por un lado, las norteamericana V/H/S Viral, dirigida por Marcel Sarmiento, Nacho Vigalondo, Gregg Bishop, Todd Lincoln, Justin Benson y Aaron Moorhead, y ABC’s of Death 2,la esperada secuela de cortometrajes de terror realizada por 26 directores, entre los que figuran Álex de la Iglesia, Alexandre Bustillo, Sion Sono o Vicenzo Natali. I por el otro, la mexicana México Bárbaro, dirigida por Jorge Michel Grau, Isaac Ezban, Laurette Flores Born, Ulises Guzmán, Edgar Nito, Lex Ortega, Gigi Saul Guerrero y Aaron Soto. Esta última también estará enmarcada en la nueva sección Blood Window, que reúne títulos de género producidos en Latinoamérica y que se organiza en colaboración c on el proyecto del mismo nombre en el mercado de cine Ventana Sur de Buenos Aires. La Secció Oficial Fantàstic Especials contará con dos sesiones especialmente destacables. La española Autómata, dirigida por Gabe Ibáñez y protagonizada por Antonio Banderas, que estará presente en Sitges 2014 para recoger el Gran Premio Honorífico por su trayectoria cinematográfica. También se proyectará Tusk, la esperada nueva producción de Kevin Smith, quien en el 2011 se llevó el Premio a la Mejor Película por Red State. 

Las últimas producciones de grandes nombres como David Cronenberg (Map to the Stars), Jean Luc Godard (Adieu au langage), Kim Ki-duk (One on One) o Takashi Miike (The Mole Song: Undercover Agent Reiji) asó como la inauguración con la esperada REC 4, de Jaume Balagueró, o la producción de Álex de la Iglesia, Musarañas, centran Sitges 2014. Una edición que reconocerá con un Gran Premio Honorífico la carrera de Roland Emmerich, el director que ha destuido el mundo en más ocasiones y de la forma más espectacular, y que contará también con la presencia destacada de Pablo Helman, el genio de los efectos especiales de las películas de Steven Spielberg y George Lucas.

Crítica: Do You Like My Basement?

Nuevamente nos enfrentamos al falso documental, en este caso no metraje encontrado sino con u na vuelta más de tuerca, que no va a gustar a todos ni mucho menos, pero que a mí me ha hecho hasta gracia. 

El director y guionista Roger Sewhcomar nos cuenta en la película cómo un director de cine sin recursos, después de mudarse a Nueva York para intentarse abrir un camino en la industria y que todas las puertas se le cierren, decide realizar una peli de terror muy pero que muy real. Vamos, que se cepilla (en el sentido asesino de la palabra) a sus actores mientras no para de grabar. La idea, muy trillada ya en un subgénero que no da a basto, tiene un toque innovador y en mi opinión muy inteligente. El Sr. Farmer decide poner un anuncio en el que requiere actores para un cásting y poniendo sólo como condición que no sean cobardes. Así, uno tras otro van llegando a la casa de un matrimonio que previamente ha asesinado y grabado, diferentes actores con diferentes aspiraciones, a los que baja al sótano del título y se acaba cargando. 

Es esa idea, la de que el director se acaba alimentando de víctimas inocentes para encontrar un terror verdadero, depurado y realista lo mejor de una peli que denota las carencias achacables a un presupuesto inexistente. Creatividad versus financiación. Como la vida misma. 

La película cuenta, en mi opinión, con dos momentos absolutamente geniales: el primero, el de un actor que es rechazado del especial cásting por su clara tendencia a la sobreactuación y que vuelve al sótano para hacer una audición más comedida mientras el director ya tiene a otro actor al que le ha taladrado la rodilla y que el ingénuo primerizo ve como una bestia actoral, y el segundo, en el que una madre acompaña a su hija al cásting y baja mientras ensayan la tortura, pero tranquilizada por la hija vuelve arriba a tomarse un té mientras nuestro sádico director acaba con su vida entre gritos que la madre-orgullosa de lo artista que le ha salido la niña-ve como su salto a la fama. Este tono de comedia está presente en toda la cinta, incluído un horrible final en el que se nos explica que todo es real y que el director además de haber ganado varios premios por la cinta es buscado por las autoridades por varios asesinatos. 

Así es Do you like my basement?, una peli de terror, no tánto, que juega con la comedia, con el cinema verité y la chapuza de unos recarsos como ya he dicho inexistentes, pero lo hace de la manera más inteligente posible, sin llegar a cargar o a aburrir, y haciendo de lo cutre algo con “encanto”. 

Con ese presupuesto microscópico, la película ofrece lo que promete, sin ninguna pretenciosidad, es simple, natural y entretenida, poco más. 

Lo mejor: Aunque parezca mentira, las interpretaciones, todas de actores desconocidos y la voz del director, al que sólo vemos con una máscara hitleriana, que sustenta la trama en gran medida, ya que todo el argumento gira en torno a él. La localización, el típico piso que te dejan unos colegas para rodar tu peli, contribuye a crear una atmósfera claustrofóbica que le viene que ni pintado. 

Lo peor: ¿Es una peli de terror? Rotundamente NO. Es una película que retrata el amor obsesivo por este género que nos encanta. Y el cartel es bastante tramposillo al respecto. 

Aún así, con un simple guión, interpretaciones cortitas de desconocidos y un tipo inglés rodando en un sótano de NY, la película no aburre en ningún momento, y tiene la decencia de tomárselo todo en broma sin meter paranormalidades, psychokillers enmascarados sangrientos, CGI espantosos y baratos como hace gran parte de sus coetáneas.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Crítica: La Hermandad

De nuevo, Romasanta se acerca al cine español y esta vez os traigo un film de 2013, llamado “La Hermandad”. En esta ocasión la película trata sobre una conocida escritora de novelas de misterio (Lydia Bosch), cuyo accidente de coche provoca que sea rescatada por unos monjes que pudieron ayudarla en el siniestro y la trasladaron al monasterio para que se recuperara. El contraste entre la forma de ser de Sara y los monjes choca por sus formas de actuar, de ser y de vivir la vida, una vida dedicada al monasterio en total clausura, evitando todo contacto con los nuevos tiempos. Sara empieza a tener pesadillas, pero lo que no la deja dormir son los chillidos de unos niños que proceden desde el interior del claustro; cada día, se acontecen los chillidos pero ninguno de los monjes escucha nada y no hacen caso de las preguntas que Sara les dice. Sara no se siente convencida a las misivas que le lanzan los miembros de la extraña hermandad, y poco a poco irá investigando sobre el pasado del monasterio y los secretos que esconde, no todo es lo que parece. 

La verdad que la parte argumental del film no es nada novedosa y cierto es que la película no intenta llevar la temática de fantasmas y monasterios a nuevos terrenos, sino que la ópera prima de Julio Martí, se ofrece al público como un simple entretenimiento de misterio que funciona a diferentes momentos, que ahora analizaremos. En este caso, el rol principal lo lleva la conocida actriz de televisión , Lydia Bosch, que para mi gusto es una actriz simple pero muy eficaz, y que aquí demuestra todo un abanico de tics que en ocasiones me recuerda que es una polivalente actriz de televisión, aunque puede que en esta ocasión el papel le vaya un poco grande; a pesar de eso, hay que alabar el esfuerzo de la actriz de querer ser convincente y dar agilidad a un film, que no muestra exteriores y se centra en cada uno de las estancias del monasterio, por lo que su personaje es el hilo conductor de la historia, en el que la actriz a porta carisma aunque eso no siempre quiere decir que sea una gran interpretación -debo matizar, que en “You're the one” (2000) de José Luís Garci, Lydia Bosch estaba deliciosamente soberbia-. 

Por consiguiente, el film intenta aparentar que es un film de envergadura con unos 3,7 millones de presupuesto -que no me creo- y un rodaje en la fallida Ciudad de la luz; pero a pesar de estos pequeños detalles, “La hermandad” mima con cariño los planos y los encuadres, ayudando a dar dinamismo a un film que podría ser aburrido por su falta de escenarios. En este caso, se prima por las estancias del monasterio, mezclando decorados de cartón piedra -de gran calidad- y unos efectos especiales correctos que saben ponerse al servicio de la historia, creando una atmósfera fantasmal y claustrofóbica. 

El problema más grande de la película es su carácter derivativo y mimético, por lo que no es muy difícil recordar en todo su visionado a films españoles tan comerciales como “Los otros” (The Others, 2001) de Alejandro Amenábar o “El orfanato” (2007) de J.A.Bayona, proponiendo un argumento sustentado en un personaje totalmente destrozado por la muerte de su hija, acercándose a la temática de las madres que ven fantasmas como ya ocurrió en los films mencionados o tiene un cierto parentesco a las obras de Jaume Balagueró como son: “Los sin nombre” (Els sense nom, 1996), “Darkness” (2002) o “Frágiles” (Fragile, 2005); a pesar de todo, el film consigue mantener el interés a pesar de tal mimetismo, además de Lydia Bosch que va “in crescendo” y mejora su actuación a medida que avanza el metraje, aunque en ocasiones da más miedo el estado de delgadez de Lydia Bosch y su calavérica cara que la propia película. 

Hay que reconocer, que la película está bastante llena de defectos, pero sabe suplir sus carencias con desparpajo, aunque el elenco de actores que forma la comunidad eclesiástica es bastante desigual, perjudicando al relato por no ser lo suficiente misterioso, o lo suficiente macabro. La búsqueda de los niños que aparecen y desaparecen se vuelve una locura, que conmociona a la protagonista, llegando a crear escenas de cierta efectividad como el que ocurre en todos aquellos momentos en los que aparecen de forma inesperada los niños por todo el monasterio; aunque para mi gusto el momento más interesante es cuando Sara investiga en una bodega y cae en una enorme tinaja de vino, aludiendo a esos magníficos films: “El extraño viaje” (1964) de Fernando Fernán Gómez, y “Una vela para el diablo” (1973) de Eugenio Martín, llevando a la escena a un toque macabro de serie B de cierto encanto con una puesta en escena que recuerda a “The Ring” (Gore Verbinski, 2002). 

En conclusión, estamos delante de un film que quiere y no puede, consiguiendo ciertas irregularidades de guión y de interpretación, por lo que no es una ópera prima sólida en ningún caso aunque se debe valorar el esfuerzo por hacer un cine más cercano al cine británico y a toda su tradición literaria como fue Ann Radcliffe (“Los misterios de Udolfo”, 1794) , Matthew Gregory Lewis (“El monje”, 1796) o también nos podría recordar a otro autor como Umberto Eco con “El nombre de la rosa” (1980), aunque con todo y con eso el esfuerzo cae en cierto saco roto, y no acaba de convencer lo suficiente, pero creo que habrá que esperar a las siguientes obras del director novel, para que pueda ofrecer una obra de mejor consistencia y dar conocimiento de su talento, ya que una de las cosas que mejor he valorado es su puesta en escena y la riqueza de planos que propone su director.


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