viernes, 1 de agosto de 2014

Crítica: Deep in the Darkness

Si existe una fórmula dentro del mainstream cinematográfico aplicado al cine de terror, que parece no tener fecha de caducidad, esa es la que forman el binomio “familia desestructurada” + “casa nueva en las afueras”. Esta sencilla receta, parece ser fuente recurrente e inagotable a la que ir a buscar agua cuando la sed de la incapacidad creativa apremia. La cantidad de hijos (muchos de ellos bastardos) que ha engendrado tan prolífera madre, es poco menos que obscena y directamente proporcional a la cantidad de tetas supurantes deseosas por amamantarlos en forma de espectadores zombie, esclavos involuntarios de las miserias de un género, el de terror, que a día de hoy, agoniza lentamente entre sus propios vómitos, por culpa de su incapacidad de ir un paso más allá de todo aquello preestablecido. Por culpa de vivir anclado en rentas del pasado, mientras estas sigan produciendo beneficios. 

Tras esta pesimista introducción, aclarar que no considero el mainstream dentro del cine de terror, como algo necesariamente peyorativo. Pienso que tiene absolutamente la misma validez, una película que le gusta a 1000 personas, que una que le gusta a 100.000 o una que se gesta a partir de la paga semanal de un adolescente y otra que lo hace con el sueldo de 1000 vidas. Por ello, ni se me pasaría por la cabeza pensar, que todo lo que se estrena en cines o viene acompañado de grandes campañas de publicidad o altos presupuestos, tiene que considerarse mainstream. Yo más bien entiendo esta etiqueta, como una declaración de intenciones, como un propósito por parte de las cabezas “pensantes” de la obra en cuestión, para venderla al mejor postor, en este caso, un público concreto no necesariamente afín al género y asegurarse así, una mayor porción del pastel. Incluso en dicho y tétrico escenario, el mainstream puede parir validísimas películas de terror, como fue el caso de la controvertida “Expediente Warren”, por mas que a mi, no terminara de hacerme tilín. 

Hay que quitarse la venda de los ojos y cambiar el chip. Que lo de querer vender la moto de que el terror de calidad es una delicatessen para unos pocos paladares sibaritas y que lo que degustan muchos es comida rápida de usar y tirar, ya no se lo cree nadie, no como norma. Al menos, nadie que esté un poco metido en el ajo y mame día si y día también, todo el terror y fantástico que corre por el underground o cine independiente. A día de hoy, en época de sequía creativa, a la mínima que un cineasta apunta cierto talento y personalidad, el engranaje de la industria lo lame, lo mastica, lo engulle y lo vomita en menos que Ash Williams chasquea los dedos. Quien no vea esto, es que se ha criado en un pajar. 

Hechas las aclaraciones pertinentes, decir que “Deep in the Darkness”, película que nos ocupa, sería un buen ejemplo de mainstream entendido dentro del género de terror y no por que estemos ante una producción que maneje grandes presupuestos (todo lo contrario), ni por que se vaya a estrenar en todas las salas cinematográficas de nuestro país (al menos, eso espero), ni por que se anuncie en todas las estaciones de metro, sino por su descaro a la hora de visitar la fuente y abusar una vez mas, de la fórmula conservadora, cobarde y populista, a la que hacía referencia al inicio de esta crítica. Añadiría incluso, ciertas dosis de gula, por aquello de querer un pedacito del pastel, más grande del que debería corresponderle por méritos propios. 

Con el tema de la familia (de mucho peso en la cinta), me es imposible aislar de mi mente toda esa corriente de pensamiento podrido de derechas y asqueroso trasfondo religioso, que aun en pleno siglo XXI, se mantiene vigente enquistando una sociedad, supuestamente evolucionada a nivel intelectual, ético y social como la nuestra. Cuando uno escucha a todos estos excrementos con traje y corbata que nos gobiernan con un palo en el culo y la cartera repleta de billetes o a esos degenerados que visten túnicas blancas para esconder sus vergüenzas y pecados, aseverando y adoctrinando al rebaño, sobre como debe ser una familia (entre otras muchas barbaries), es decir, un hombre más una mujer y no dos enfermos... bueno, digamos que cuesta de creer que Torquemada y compañía, ya no pululen entre nosotros. 

Digo esto, porque TODAS las familias desestructuradas que protagonizan todas estas películas sacadas del manual de “Películas que gustarían a nuestras madres”, son asquerosamente “convencionales”. Si no tienes la capacidad de escribir algo minimamente original, al menos, dale tu toque, diantres. Pon ahí a una familia de gays, dos padres exiliados de su hogar natal debido a una persecución homófoba o a un hijo travestido, que se yo... algo que te diferencia del resto y no la misma cantinela de siempre, es decir, la madre muerta y el padre que intenta rehacer el núcleo familiar con otra mujer, la cual, habitualmente, no tiene el beneplácito del hijo/hija de su pareja (en el caso que nos ocupa, incluso más sencillo que todo eso). Pero claro, igual ya no estaríamos hablando de una cinta mainstream para madres aburridas mientras su esposo, ronca como un gorrino en el sofá de al lado y si de alguna cinta polémica venida de tierras europeas. Dificilmente vamos a encontrar la transgresión en el cine USA. 

Hablando ya propiamente de lo que ofrece ésta “Deep in the Darkness”, pues no hay mucho margen para la sorpresa, un híbrido descafeinado de otros tantos títulos descafeinados similares, aderezado con otro tanto de royo de sectas y culto a deidades de dudosa naturaleza. El protagonista es negro, eso si. Ahí encontramos el elemento más atrevido e innovador de una cinta como digo, de manual, que cualquier aficionado al género, minimamente versado, podría recitar de memoria y que ofrece tan pocas variantes en su desarrollo con respecto a muchas de sus hermanas bastardas, y son legión, que dificilmente destaca en ningún aspecto. 

Si hablamos sobre su capacidad de generar tensión, tampoco podemos dedicarle excesivas palabras bonitas a la obra de Colin Theys, todo un especialista en el arte de sentenciar a sus obras al mercado doméstico y quien ya tiene un largo historial delictivo a sus espaldas con fechorias del nivel de “Alien Opponent” (2010) o “Remains” (2011), por citar dos con las que servidor, tuvo que lidiar en su momento. Como decía, “Deep in the darkness” tampoco destaca por su conductividad emocional, estamos ante una cinta fría y muy poco cómplice con el espectador, a pesar de ciertos detalles interesantes, como es el buen uso que se hace de los claroscuros en determinados pasajes. 

Por supuesto, estamos ante un título muy poco gráfico y carente de el menor ápice o amago de mala leche, donde quizás y siendo benévolos, podríamos hablar con relativas buenas palabras, de su apañado volantazo argumental final e incluso, del diseño artístico de la fauna autóctona del lugar. Muy poquito más para una obra que como siempre en estos casos tan endiabladamente encorsetados, gustará al público menos habitual del terror y será tolerado, por los devoradores compulsivos del mismo, pero que desde luego, no quedará grabado en la retina ni de unos, ni de otros. 

Lo mejor: Que pese a lo manido de todo lo que ofrece, su desenlace puede llegar a cogerte en bragas. 

Lo peor: No haberle cedido esta crítica, al bueno de Damien Thorn, que como buen devorador compulsivo de terror, seguro que la habría disfrutado mucho más que yo.


miércoles, 30 de julio de 2014

Crítica: The Perfect House

La peli comienza cuando una familia estupenda de foto de estudio deciden pasar la velada en casa de un huraño vecino al que aún no le han devuelto el cortacésped. La tragedia se huele ya en la entrada, pero radicalmente cambiamos de tiempo aunque no de lugar. 

Los recién casados, Mike y Marisol, (Will Robertson y Andrea Vahl ), realizan su primera visita a la casa de sus sueños que sospechosamente está a muy buen precio. Pero como las cosas andan como andan, no se extrañan demasiado ni aún cuando la vendedora, (Monique Parent ),una agente de bienes raices que parece sacada directamente de un cásting porno, prácticamente les ofrece un trío a cambio de quitarse la casita de encima. Y es que la casa, y en especial el sótano que todas las casas americanas parecen tener-oye, por si el día de mañana el niño nos sale psicópata y no se ha independizado aún-parece tener un pasado bastante truculento. 

Los directores Kris Hulbert y Randy Kent, con guión e historia del primero deciden contarnos el tenebroso pasado reciente del sotanillo a través de tres originales flshbacks de terror. 

En primer lugar nos llega "La tormenta" con claras referencias al mismísimo Hitchcock y a su discípulo más notable Shyamalan, rodada en blanco y negro y con el típico giro de guión que ofrecen las películas de ambos referentes. Es un cuento oscuro y a oscuras, porque una tormenta asola la zona y la luz se ha ído, lo que obliga a la entonces familia residente en la casa a refugiarse en el sótano ante las noticias de que la violenta tormenta se aproxima rápidamente. Entonces, como en aquellos viejos Estudio 1 de terror, o aquellas Historias para no dormir de Ibáñez Menta y Serrador, cada vez que se apaga una vela, uno de los miembros de la familia ha sido asesinado, evidentemente por otro familiar, destapando así un pasado de abusos en la mente de una madre bastante loca. Es una historia simple, sencilla, rodada sin alardes y bastante efectiva que nos sitúa en 1969. 

Volvemos a la parejita compradora que cada vez está más convencida de que aquello es una ganga y a la vendedora porno que cada vez está más despeinada y menos vestida. 

La siguiente historia, en 1986, es con diferencia la que a mí, fan absoluto del terror-tortura y del gore, más me ha gustado, y la que a los que no disfruten de este tipo de violencia explícita y no tan explícita, menos gustará sin duda. 

La mayoría de los directores tienen un objetivo en mente y una finalidad cuando hacen su película, y si la peli lo logra en términos de entretenimiento, ya puede considerarse un éxito, bien diferente del de masas y pelas-que al fín y al cabo es el que manda. 

En este caso el éxito de los directores estriba en que consiguen a la perfección lo que se proponen. Contar una historia de terror usando diferentes recursos y subgéneros y lo hacen, en mi opinión bastante dignamente. 

En esta segunda pequeña historia estamos en el sótano de la casa, donde la parejita de recién casados ve unas manchas en el suelo y se preguntan si se usó el sótano para guardar animales... Ejem... ¿Es que no ven pelis de miedo estos americanos?... ¿Guardar animales en un sótano?... Pero nada, ellos, pese a las manchas que revelan la matanza, siguen encantados. 

Ahora el director nos cuenta de qué son exactamente esas manchas... Un psicópata de manual, de los que pillan los de Mentes Criminales a la primera de cambio y sin apenas necesitar a Penélope García, retiene a una chica en una jaula durante años. Su rutina es siempre la misma. El martes secuestra a otro chico o chica, lo mete en la jaula de al lado para que la veterana le ponga al día en las perrerías que les va a hacer, el miércoles le da de comer, el jueves se carga al nuevo inquilino no sin antes enseñarle el video de alguna de sus matanzas previas y el viernes viola a la chavala. Así semana tras semana, mes tras mes y año tras año, hasta que un día llama a la puerta la madre de la chica con un cartel con su foto y todo se desbarajusta. Holly Greene y Jonathan Tiersten están simplemente estupendos. 

Un segmento violento pero en absoluto excesivo y bastante bien narrado, la verdad, que nos deja los dientes largos ante el desenlace. 

En la tercera de las historia, en 2005, nos encontramos al principio de la película, con la visita vecinal a casa del tipo extraño, (Dustin Stevens) y presenciamos cómo droga a toda la familia y la ata en el sótano, haciendo que se maten los unos a los otros y que intenten salvarse cuando todo está ya perdido. 

Más violencia, (el momento de la chica llena de cortes metida en la bañera de agua con sal es maravillosa), buen gusto a la hora de ocultar cosas (un hermano tiene que matar al otro y la cámara no lo registra) y más interpretaciones interesantes. 

La cinta ha recibido críticas bastante negativas con las que no estoy en absoluto de acuerdo. Es cierto que las claras intenciones de perturbar el espectador son un claro objetivo en una película de terror como esta, pero las escenas extendidas recreándose en la tortura y el gore, aparte de ser bastante sutiles, incluso escasas, están más que justificadas. No hay un sólo momento de sufrimiento ni una gota de sangre derramada que no venga exigido por el guión de la cinta, que no sólo existe, sino que es bastante decente y digno. 

La moraleja, el MacGuffin de la historia es el desconocido mal que persiste en la casa, que infecta a todos y cada uno de los personajes que en ella moran. 

Y volvemos a nuestra parejita, a la que de golpe se les corta el rollo y se echan atrás en la compra. Pero no importa, a modo de epílogo, o quién sabe, de teaser de la secuela, vemos cómo la casa ya tiene un comprador, Steve, interpretado por Chris Raab, al que el sótano ya ha afectado como para cepillarse a cualquiera que se acerque a ver su propiedad. 

Es un punto y final delicioso, interesante y hasta simpático. Muchísimo más de lo que la mayoría de cintas del género nos vienen ofreciendo últimamente. 

En la peli también aparecen John Philbin , Timothy Dugan , Tyler Nemeth , Alex Markousis y Jamie Baker, con un cameo fabuloso de la playmate y ex playboy Angelina Leigh. 

Como curiosidad, es también la primera película que se ha estrenado en la plataforma de Facebook , en VOD. El DVD, un pelín más completo, viene cargado de unos extras que se agradecen, sobre todo el final alternativo. En definitiva, una muy buena peli para pasar la tarde sin complicaciones. 

Lo mejor: El cartel, me encanta. El segundo segmento, que nos presenta a un personaje, el psicópata, que reclama a gritos una peli propia pero a la de ya... 

Lo peor: Que su violencia y gore (ya les digo, bastante suave y ligero) le resten puntos para mucha gente reticente a la violencia en pantalla.


lunes, 28 de julio de 2014

Crítica: Terroríficamente Muertos

Basado en hechos reales. Hace un par de días, en lo que se ha empezado a denominar en mi casa, como los viernes clásicos, El Rector y yo, decidimos volver a revisionar "Terrorificamente muertos". En ese momento, el agobiante calor que hacía por la noche, fue testigo de dos muecas muy diferentes: El Rector sonreía abiertamente mientras hacía su danza de la alegría y servidora, ponía cara de circunstancia mientras con los dientes apretados, decía ironicamente "uy qué bien, Raimi otra vez y encima con el sr. Campbell..." El Rector no salía de su asombro, "¿cómo es posible que no disfrutes de esta obra maestra?" me decía. Yo callaba bajo el ventilador mientras apretaba el play del aparato blu ray que no entiendo. 

Una de las cosas mas complicadas de asumir en esta vida, es que no tenemos la verdad absoluta, que no todo el mundo piensa como nosotros y que no a todo el mundo le gustan las mismas cosas que a nosotros. Lo cierto es que resulta incomprensible que algo que amas, algo que adoras, no sea adorado por el resto del mundo, ¿cómo puede haber visiones tan diferentes de una misma cosa? Obviamente todos creemos que nuestra versión es la acertada, y por tanto, que la contraria es la equivocada. Eso es lo lógico, lo normal, si no, nos encontraríamos ante un sangrante caso de falta de personalidad, donde incluso, puedes llegar a pensar que eres un personaje de una película. Pero la realidad, queridos cuervos, es que una vez asumes que tus gustos no tienen por qué ser compartidos por el resto, y que cada uno va a querer llevar la razón en cualquier debate al respecto, la vida se ve de otro color. 

Viendo entonces la vida en otro color, me pareció interesante poder mostrar el otro lado, la otra cara de la moneda, poder explicar aquello que no entendemos, y fue así como surgió la idea de que la crítica de una de las obras de culto del cine de terror y miembro de la Santa Trinidad de Raimi fuera diseccionada por mi, justamente la persona que no le daría más de un cinco basándose en hechos puramente subjetivos, como todas las críticas. Intentaré que hoy, todos vosotros, amantes de "Terrorificamente muertos" podáis entender, o al menos asumir, que existe gente en el mundo que no es capaz de disfrutar de una película así y sus motivos. 

En 1981 un joven Sam Raimi, dirige "Evil Dead" y emerge una nueva forma de hacer cine de terror, que era el cine de los mil y un planos en pocos minutos. Poco se puede decir de esta cinta que no se haya dicho ya. Con "Evil Dead", nace la leyenda de Ash Williams y empieza a haber un regusto claro a comedia en medio de una película de terror, que parecía muy del agrado del público. La fase dos comienza seis años más tarde, cuando Raimi decide rodar casi la misma película con la que debutó, pero explotando los elementos con los que empezaba a romper esquemas: a Ash y el humor. Nace la secuela-remake-encubierto y esta vez, Raimi se va a dejar guiar por la seguridad de lo que sabe hacer bien, que es utilizar el término exageración en su máxima expresión. 

La exageración de "Terrorificamente muertos" es palpable desde los primeros planos. Raimi vuelve a utilizar su cámara como un personaje más, yo diría que el personaje más importante, y en cuanto aparece Ash, ya vemos que el actor-amigo del director está sobreactuado al máximo. Más que una película parece que estemos frente a una obra de teatro, una comedia de la mueca que busca la risotada que precisamente provoca esa mueca. Teniendo en cuenta que yo he manifestado mil veces en Nido de Cuervos, que a mi el terror unido a la comedia no me divierte (no porque lo considere un insulto al género ni mucho menos, sino porque simplemente a mi no me gusta y sobre gustos poco hay que decir), es bastante obvio la principal razón por las que para mi, "Terrorificamente muertos" no puede estar entre mis clásicos de cabecera. Repito, es un tema de gustos, pero imaginad una comedia en la que no sois capaces de reíros lo más mínimo, imaginad que ni siquiera podéis sonreir, que no hay nada que os parezca ingenioso, porque el humor que veis es simple, no va ligado a una frase inteligente, sino que es más básico, algo como un conjunto de gags fáciles (empezando por los personajes, que son gags en sí mismos), en los que sólo falta que alguien se resbale con la cáscara de un plátano. Si lográis imaginar esa situación, ahí me veréis a mi, en mi viernes de clásicos, intentando sonreir para no cortarle el rollo a mi pareja, que disfrutaba del visionado como un lechoncito en el barro. 

Sé que sigue siendo complicado hacerse a la idea de que existan percepciones tan diferentes de una misma realidad, pero sigamos con ellas, acompañadme un poco más a mi mundo... La diferencia entre "Evil Dead" y "Terrorificamente muertos", es que la primera era una cinta de terror con esbozos de comedia, y la segunda una comedia a secas. Ese es otro de los handicaps de "Evil dead II", que no provoca terror en ningún momento, que todo el desmadre gira en torno a la situación cómica. La genialidad reside en hacerte pasar miedo y al momento sacarte una sonrisa, eso es lo complicado (en mi caso imposible), pero si no has logrado estar en tensión jamás, si los demonios no te hacen pasar miedo, no hay espacio para el terror, a mi tanta comicidad junta me saca del argumento por completo. Tolero el gore desfasado con humor más o menos facilón, incluso me hace pasar un rato divertido (aunque no me haya reído jamás. Debe ser que cinematograficamente soy fría como el hielo...), y lo hace, porque el gore no busca hacerte pasar miedo, el gore busca el shock, la impresión, pero no quiere dejarte pegado al sofá sin que te puedas mover de pánico puro. Pero si lo que se busca es eso, es hacerte sudar, verte apretando el puño sin darte cuenta, de terror, y de repente mostrarte algo cómico, eso a mi me saca por completo de la escena, del argumento y de la película, ahí se acabó el miedo y ya nunca volverá. 

Otro de los puntos que no puedo obviar en este antianálisis, es a Bruce Campbell, actor al que yo no soporto. Para mi es como Jim Carrey, dos actores que supongo que en un teatro infantil volverían locos a los niños, pero que en la pantalla de mi televisor me cansan hasta el extremo, con tanta mueca y tanta exageración en su lenguaje corporal. Tengo claro que Ash Williams estaba concebido de esta forma por Raimi (al menso en "Terrorificamente muertos" y " El ejército de las tinieblas") , y que Campbell cumplía órdenes, pero permitidme que me desagrade tan poca contención, algo básico en la interpretación cinematográfica. 

Hace menos de un año, yo analizaba una película que me gustó mucho, que precisamente mostraba un poco todo esto de lo que hablo, "All About Evil". Aquella propuesta era la exageración hecha película, y me gustó porque, precisamente, lo que simulaba era una gran obra de teatro. Cuando tienes claro que tu cine es para pantalla, en mi mundo, el Ash Williams de "Terrorificamente muertos" no tiene cabida, pues el personaje se come a la propia trama con esa mandíbula tan grande, y yo no tengo manera de empatizar lo más mínimamente con él, o cogerle un poquito, tan siquiera, de cariño. 

Los efectos artesanales (que siempre son mis favoritos) de esta segunda parte de "Posesión Infernal" tampoco destacaron de un modo terrorífico, como sí lo hicieron en la primera, pues a mi, Linda me parecía infinitamente más atemorizante que Henrietta, y Ash-demonio me parece más una bruja clásica que un demonio sediento de muerte. Una vez más, estos efectos, este maquillaje, está al servicio de la exageración y de la risotada. No se puede negar una gran labor en este aspecto, pero el resultado no es lo terrorífico que yo necesitaba, sino la máscara de teatro que buscaba Raimi. Con razón es él el director. 

Si conjugáis todos estos elementos, creo que ya estáis más cerca de entender la otra perspectiva, aquello que puede llevar manos a la cabeza, pero que es tan real como la vida misma, y os diré más, en la vida misma, en cuanto tuve oportunidad de ver "Evil dead. El Musical", ni que decir tiene que corrí a verlo con la sonrisa en la boca, esa vez sí, esa vez sabía que la cosa no iba de terror, sino de situaciones absurdamente paranormales que encadenaban una canción con otra, y en la que la exageración en la actuación era obligada. Aun así, y pese a divertirme de lo lindo, en el fondo de mi alma, sentí una pequeña decepción al ver que ni siquiera se intentaba causar una minúscula sensación de tensión, todo estaba ideado en pos de la comedia, pero ¿qué queréis? es lo normal, estamos hablando de un musical... 

Con todo este panorama, pudiera parecer que no soy capaz de ver ninguna virtud en una película catalogada bajo el término terror, como es "Terrorificamente muertos", y nada más lejos de la realidad. Tiene la principal de las cualidades, y esa es que entretiene, que el ritmo no decae nunca, y que yo, que ya os he dicho que aprendí a ver el mundo de otros colores, y tengo claro que mis gustos son sólo míos, y no tienen por qué ser de nadie más, entiendo perfectamente por qué "Evil Dead II" tiene el estatus que tiene, si te gusta la comedia...claro. 

Ahora intentad pensar en películas que hayan marcado, que hayan influido, que hayan acompañado la vida a alguien que conocéis, y que vosotros pensáis que es imposible que eso que os describen con tanta pasión, sea lo que vosotros sentisteis cuando visteis la película en cuestión porque no os gustó, o simplemente no os llegó, y volved al inicio de este análisis. 

Klaatu verata nikto.



sábado, 26 de julio de 2014

Crítica: El Amanecer del Planeta de los Simios

Matt Reeves se desmarca de los clichés típicos del cine, para ofrecer una secuela que supera con creces a su antecesora. Después de films tan interesantes como “Monstruoso” o “Déjame entrar” que ya apuntaban a su buen hacer como director, esta incursión en el reboot de la saga del planeta de los simios es una de las apuestas más notables y perfectas del año. 

Rupert Wyatt ya realizó una buena obra, al ponerse delante de un producto tan comercial como fue “El origen del planeta de los simios”, propuso una relectura interesante y con un buen uso de los efectos especiales que están al servicio de la historia aportando algo más que entretenimiento visual. Pero en este segundo acto, las cosas cambian de forma drástica ya que el cambio de director ha beneficiado a la película de una mayor solidez en el guión y en los efectos especiales, que esta nueva vez se conjugan de forma magistral. 

Por consiguiente, “El amanecer del planeta de los simios” vuelve a focalizar su interés en los simios, y dejando en segundo lugar el papel que tienen los humanos. El virus confeccionado por los humanos ha conseguido diezmar la población mundial, mientras que los simios han conseguido ser más inteligentes y vivir su vida alejados de la humanidad. Se muestra una sociedad simia mayor organizada, capitaneados por César que escondidos en los bosques, desarrollan una vida tranquila y feliz hasta la intrusión de varios humanos por su territorio. 

El primer contacto entre humanos y simios, después de la propagación del virus se salda con la muerte de un simio, por lo que éstos atrapan a los humanos y lo llevan ante César. Gracias a este hecho, el guión y la puesta en escena de Reeves muestran los dos lados confrontados de simios-humanos, proponiendo la reiterante manía del hombre de interponerse en cada acto de la naturaleza mientras que los simios, a pesar de su hostilidad, deciden ayudar de forma precavida a los humanos; es en este punto, donde sobresale la importancia del guión que realza la historia en un sinfín de confrontaciones sobre las diferentes perspectivas y visiones que se tienen sobre la vida. 

Por consiguiente, los humanos se encuentran en una situación grave, ya que su falta de recursos los lleva a dialogar con César para poder arreglar una presa hidroeléctrica que se encuentra en su territorio para así poder suministrar energía eléctrica a la pequeña población superviviente al virus. En este caso, César decide dejar entrar a los humanos para que éstos acaben su trabajo y los dejen en paz, pero no todos los simios piensan que los humanos llevan buenas intenciones -en este caso Koba, es el simio en contra de los humanos- y este detalle se convierte en un punto de inflexión que forzará los sucesos que se acontecen un poco más tarde. 

En todo momento, el film cuida por partes iguales a los actores, los efectos especiales y la historia, por lo que sabe buscar el equilibrio entre lo que es entretenimiento y dramatismo. “El amanecer del planeta de los simios” sabe conmover de la misma manera que sabe ofrecer espectáculo en estado puro; pero sin duda alguna, los efectos especiales consiguen un peso sin igual en un film que se muestra abierto a ofrecer interpretaciones que no son de carne y hueso -a pesar de que hay humanos detrás de ellos-; cada uno de los simios está recreado de forma espléndida por parte de los especialistas Andy Serkis (César) y Toby Kebbell (Koba) -entre muchos más- que dan lo mejor de sí en unas interpretaciones maravillosas a través de los CGI. 

Es espectacular cada plano y cada detalle que se muestra en la película, la imponencia simia se contrarresta con la vulnerabilidad humana que decide arrasar -como siempre- con la naturaleza dominante, es en este punto de inflexión de la historia cuando simios y humanos se encuentran amenazados, en la que todo estalla. Ese estallido se traslada a pura acción, trepidante y formalmente perfecta que mantiene al espectador se queda anonadado ante tan buena factura, mientras que la historia muestra como los dos lados enfrentados, tienen razones argumentadas para seguir con esta letal guerra. Momentos tan espléndidos como el ataque al poblado humano por parte de los simios montados a caballos y con metralletas en mano impactan por su extraña iconografía, mostrando la fácil evolución y desarrollo de la sociedad simia, que poco difiere de la humana; y eso es otro punto a tener en cuenta, ya que será César el que se dará cuenta de tal aspecto, observando que a pesar del lema “simio no mata a simio”, éstos son capaces de mostrar ira y venganza; por lo que será muy difícil mostrar de que parte se encontrará a favor -en sí, la guerra es un galimatías lleno de confusiones-, ya que los dos bandos se enfrentan por error y por un soberano golpe de estado. 

En conclusión, “El amanecer del planeta de los simios” es una obra magna, viva y vital, que lleva al humano a su lado más amable, viendo las atrocidades que llegan a cometer por obtener energía y la falta de perdón ante una sociedad simia que simplemente quiere vivir en paz. Cada uno de las set pieces de acción son de un brío y planificación espectaculares, aunque cabe destacar que la película intenta buscar instantes de grandeza en sus momentos más delicados y sensibles en los contactos simio-humano; en este aspecto, momentos en los que un bebé simio se acerca a los humanos sin miedo, todo aquello que plantea la confianza simia ante los humanos o como un adolescente regala un libro a un orangután, son las escenas que llegan a conmover por su “humanidad” y su idea del respeto a la naturaleza. 

Es así, como se constituye un blockbuster con mayúsculas, convirtiéndose en la sorpresa del año y arriesgándome a reconocerla como la mejor película de este año -junto a ésta estaría “Al filo del mañana”-, que además le hace una gran competencia a la película original del 68-aunque ésta siempre será la primera e intocable-. En fín, hacia años que no disfrutaba tanto una película por partes iguales, cuyo atractivo visual está al servicio de la historia, ayudándola a progresar y erigir una película sólida y casi perfecta; la única pega que le pongo, es que falta llegar al tercer acto por lo que me da un poco de miedo, hasta que punto se podrá superar una obra que ha dejado el listón demasiado alto.


viernes, 25 de julio de 2014

Crítica: Líbranos del Mal

“Deliver us from Evil” es un thriller católico que une al sargento Ralph Sarchie, operaciones especiales (Eric Bana) con el Padre Joe Mendoza (Edgar Ramirez de Carlos y Che), un exorcista y miembro de Narcóticos Anónimos. El director Scott Derrickson y el co-guionista Paul Harris, ofrecen un procedimental rutinario con sustos básicos con poco a remarcar. Desde luego, les fue bastante mejor con El exorcismo de Emily Rose (2005). 

El 4 de julio de 2010, un trío de marines de los Estados Unidos encuentran una críptica inscripción persa-latina durante Operación Reaper en Diyala, Iraq. Licenciados con deshonor por darle una paliza al capellán de la base, se van al Bronx donde se dedican a auto mutilarse y hablan con los leones del zoo – bajo la influencia de las canciones de The Doors. Esto es lo que me flipó. Jim Morrison no podrá descansar en paz jamás. 

Titulada bajo la séptima petición del Padre Nuestro, “Deliver us from evil (Líbranos del mal)”, la cinta habla del coste psíquico de llevarse el trabajo a casa, ya sea desde Iraq o desde la Prefectura 46. El diablo infecta las almas de las primeras filas para infligir más maldad en las filas de casa. El terror teológico es el subtexto de este escapismo centrado en un exorcismo producido por Jerry Bruckheimer. 

El policía del Departamento de Policía de NY, Ralph Sarchie; ya co-escribió Beware the night en 2001 sobre su experiencia como policía y como demonólogo. En una entrevista decía que: “El libro no va de un policía o del Demonio, va sobre Dios.” Estamos hablando de hechos reales, Ralph Sarchie escribió este libro junto a Lisa Collier Cool; cuando llegó a la conclusión de que algunos de los criminales que se encontraba a su paso estaban poseídos por algún demonio. A pesar de nombrar al protagonista de la cinta tras Sarchie, quién es acreditado como consultor en los créditos; los realizadores de la película anuncian ilógicamente: “Cualquier similitud o identificación con… cualquier persona… o entidad es completamente coincidente e inintencionada.” Como si alguna entidad llamada Satán fuera a cabrearse y denunciarles. Dotan también al personaje de Eric Bana de un catolicismo perdido a los 12 años y de un radar que él cree más que eficaz para encontrar extraños sucesos en el barrio. No podía faltar también una fuerte carga de culpa católica para echar la tarde en el sofá. 

El director consigue generar una buena atmósfera durante toda la cinta a excepción de las escenas donde los diálogos más largos se cargan el tempo de la historia dejándote un poco indiferente. A pesar de esta atmósfera de acojone, los sustos son manidos como todos los conocemos y no logran salvar una película que es de manual. Hacia el final del metraje, Mendoza pregunta: “¿Renuncias a Satán y su trabajo?” A lo que Sarchie responde sin ningún tipo de sorpresa: “Renuncio a todo mal”. 

Derrickson, quien dirigió Sinister en 2012, se graduó en una universidad evangélica protestante. “¿Cómo puede un cristiano no hacer cintas de terror?” le dijo a un entrevistador de la revista del campus. “No hay nadie mejor equipado para hacer películas de terror que un cristiano”.


jueves, 24 de julio de 2014

Sitges 2014: El cine de terror más actual estará en Sitges

La 47ª edición del Festival de Sitges, que se celebrará entre el 3 y el 12 de octubre, vendrá cargada de títulos muy esperados por los seguidores del cine fantástico y, especialmente, del género de terror. Así lo anunció ayer el director del Festival, Ángel Sala, durante la charla que mantuvo con los fans en la Fábrica Moritz de Barcelona. Sala desveló un puñado de nuevos films que integran la extensa programación de Sitges 2014. 

El terror sobrenatural tendrá un peso significativo este año, con buenas muestras de películas con casas encantadas y presencias siniestras que llegan desde la otra punta del planeta, como la neozelandesa Housebound, de Gerard Johnstone; o la australiana The Babadook, de Jennifer Kent. Otro ejemplo del género, Home, de Nicholas McCarthy, también se podrá ver en el marco del Festival. The Canal, de Ivan Kavanagh, cierra este cuarteto de títulos que harán saltar a los espectadores de la butaca con sus apariciones demoníacas. 

Pero en Sitges 2014 también habrá sitio para los films que tratan el género desde una óptica más humorística y pasada de rosca, como en el caso de Dead Snow 2, de Tommy Wirkola, en la que el único superviviente de la primera parte tendrá que combatir un ejército de zombies todavía mayor. Dos buenas dosis de zombies también están garantizadas con Goal of the Dead y Zombeavers, títulos que proponen mezclas imposibles de zombies con futbol y castores, respectivamente. El primero se trata de un film doble (dos partes de 70 minutos), dirigido por Benjamin Rocher y Thierry Poiraud; el segundo parte de la conocida premisa “grupo de jóvenes, vacaciones, diversión, alcohol y sexo” que se transforma en una orgía de sangre. Sin abandonar el tono de comedia, el Festival presentará Premature, de Dan Beers, la historia de un estud iante de secundaria que debe revivir reiteradamente la pérdida de su virginidad como si fuera un giro alocado de Atrapado en el tiempo. 

A las numerosas producciones asiáticas que el Festival ya ha confirmado para este año, se suma Live, del director de Dead Sushi, Noboru Iguchi. Un thriller de supervivencia basado en una novela de Yusuke Yamada. Desde Alemania llega Der Samurai, un film oscuro y ambiguo que ha sido descrito como thriller queer,dirigido por Till Kleinert y financiado a través de micromecenazgo. El último de los nuevos títulos confirmados ayer es The Curse of Downers Grove, película sobre los asesinatos de unos adolescentes atribuidos a una extraña maldición, dirigida por Derick Martini y coguionizada por el novelista Brett Easton Ellis, el autor de American Psycho, cuya versión cinematográfica inauguró Sitges 2000. 

Ángel Sala también ha adelantado dos documentales que estarán en la próxima edición del Festival. El primero de ellos es Doc of the Dead, una cinta que se ha definido como el “documental definitivo de la cultura zombie”. Dirigido por Alexander O. Philippe (The people versus George Lucas y The Life and Times of Paul the Psychic Octopus) y con las participaciones de Alex Cox, Simon Pegg, George A. Romero o Steven Scholzman, esta pieza analiza cómo el fenómeno zombie se ha popularizado en los últimos años en todo tipo de campos, como la literatura, las series o, incluso, la moda. El segundo documental confirmado es That Guy Dick Miller, de Elijah Drenner, dedicado a un aspirante a escritor que se convirtió en actor por accidente, y del cual todo el mundo conoce el rostro, pero desconoce el nombre. Compartiendo pantalla con figuras como Nicholson, De Niro, Schwarzenegg er o Los Ramones, ha trabajado con grandes directores como Scorsese, Corman, Fuller, Dante, Cameron, Demme y muchos más. En Sitges 2014 tampoco faltarán los clásicos. El Festival ha confirmado la proyección de Sorcerer, el film de William Friedkin de 1977, remake de El salario del miedo, de H.G Clouzot (1953), protagonizado por Roy Scheider, Bruno Cremer, y Francisco Rabal. 

Estas nuevas incorporaciones del Festival se añaden a la programación de una edición que inaugurará REC4: Apocalipsis, de Jaume Balagueró, que concederá el Gran Premio Honorífico a Roland Emmerich y que contará con las presentaciones de las últimas producciones de grandes directores como Jean-Luc Godard, David Cronenberg, Kim-ki Duk y Takashi Miike.
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