miércoles, 16 de abril de 2014

Crítica: La Pasión de Cristo

Perdónalos, sí. Perdona a todo aquel que juzga sin juicio alguno.Y en estas fechas, aprovecho para reivindicar una de mis películas preferidas. Vale, no es una peli de terror, aunque se catalogó como “gore” en su momento por su grafismo excesivo y barroco y su recreación en el dolor que hacían de la película una de las más violentas que jamás haya visto. 

"La Pasión de Cristo" (The Passion of the Christ) de Mel Gibson, uno de los títulos más acertados de la Historia del cine, porque lejos de ese concepto vinculado al término en su acepción romántica, describe perfectamente la locución latina que describe el dolor, la tortura, lo insufrible. 

Pero, ¿ qué es "La pasión de Cristo" sino una película?... ¿ Y qué se juzga-critica-valora en esta página sino eso?... No me valen pues ni una sola de las opiniones personales contra/sobre el director, y estoy de acuerdo con la gran mayoría, pero si tenemos que expresar una opinión sobre la cinta deberíamos ceñirnos a eso básicamente. 

Estamos ante una de las mayores experiencias cinematográficas de la historia del cine. Una película tan espiritual como carnal (en su aspecto más doloroso) en la que independientemente de creencias, dogmas e iglesias el señor Gibson vuelve a contar una historia visceral de manera asombrosa, traspasando la pantalla sin efectos 3D, logrando doler sin contemplaciones. 

No me importa en absoluto la respuesta vaticana, ni la semita, ni ninguna otra en realidad. Me importa experimentar cómo Jim Caviezel transmuta en un personaje y sufre lo sufrido por aquel. Me importa contemplar una Maïa Morgenstern en estado de gracia absoluto, testigo directo del sufrimiento injusto de un hijo y a Monica Bellucci más carnal y seductora que nunca, perturbadora, bella hasta doler y tentadora. Me importa el mensaje sociológico de la cinta. Sin homilías ni meditaciones clericales. Las cosas no han cambiado tanto. Ensalzamos y crucificamos a diario y por igual, manipulando siempre al oprimido y las opiniones ajenas. Y no me importa si el que está en la cruz es mi Dios o no. Gibson hace que eso no sea lo relevante, sino el hecho de que esté ahí, en esa cruz. 

Mel Gibson vuelve a narrar como nadie, revelándose como un maestro cuentacuentos, un narrador de primera y vuelve a hacer las cosas como ningún otro podría haberlo hecho. Y... ¿Antisemita?... No, histórica. 

No entiendo esa llaga del judío. No es el mismo judío el de este Imperio Romano que el del Holocausto Nazi, y algo injustificable como la masacre alemana no puede, no debe, justificar cualquier acción previa por el hecho de ser semita, con lo cual, ¿Dónde está la polémica?... 

Lo mejor: Absolutamente todo. Es una obra maestra del Cine. Una obra maestra de la espiritualidad. Una obra maestra del Arte en general. 

Lo peor: Levantó todo tipo de ampollas, pero ¿es eso malo?...

Surrealista de verdad que una película en arameo se convierta en un hit semanas y semanas. El espectáculo no entiende de idiomas, y eso, Gibson es algo que entiende como ningún otro director actual, volvió a demostrarlo en Apocalypto, casi igual de grande. 

La banda sonora es absolutamente PERFECTA.

Merecidos sus premios a la libertad de expresión, porque la película es entre otras cosas eso, un canto a la libertad. Y a día de hoy es mucho más transgresor, mucho más arriesgado y valiente hacer esta película que cualquier otra. Bravo Mel, qué asco de persona, qué genialidad de creador...


domingo, 13 de abril de 2014

Crítica: Stage Fright

De los gustos ya se ha escrito todo lo que se tenía que escribir, yo no invento la pólvora cuando digo que todo se reduce a los gustos, y que son éstos los que nos definen, por dispares que sean, pues es de gustos y preferencias de lo que estamos hechos. En este apartado tan subjetivo y personal, hay trillones de combinaciones y una certeza absoluta: o amas los musicales, o los detestas. En esto no hay término medio, porque la indiferencia nunca es cantada.

"Stage Fright" es un musical, y un musical como los que se pueden ver en los teatros y no en el cine. Hace no mucho, hablábamos de "All About Evil" como la exageración del teatro llevada al cine, hoy hablamos de "Stage Fright", como la musicalización de una obra de teatro que apuesta tanto por el terror, como por el sentido del humor más naive. Eso sí, algo hay que tener en cuenta desde el principio, si no eres de los que amas los musicales, no te acerques a una propuesta así.

Afortunadamente yo adoro los musicales. Me apasiona vivir las historias a través de los cánticos de los protagonistas, cuando comienzan la frase hablando y la terminan cantando, me pierdo en una ensoñación, porque la vida es música, el arte es música y la música debe traer la satisfacción.

Como imaginaréis, ansiaba ver "Stage Fright", ya que las productoras no suelen apostar por los musicales de género, así que esta película era una rara avis, que encima venía presentada con un plumaje de los más atractivo, ya que el cartel promocional me parecía grandioso. Pocas ocasiones hay para dejarnos llevar por la melodía y la sangre, pienso en "The Rocky horror picture show", "Repo! the genetic opera", "The Phantom of the Opera", "The Phantom of the paradise", "La pequeña tienda de los horrores" y ya no soy capaz de pensar en nada más. ¿Dónde se posicionaría "Stage Fright"? ¿De parte de la cara más festiva de estos musicales, o en la parte más seria?.

La respuesta es que si no es necesario elegir, ¿por qué hacerlo? "Stage Fright" es la mezcla de los musicales más gamberros, destinados únicamente a divertir sin necesidad de involucrar al espectador en nada, ya que todo lo que ocurre se explicita en cada una de las letras de los temas musicales que se suceden unos detrás de otros, la necesidad de mostrar sangre y la parte más oscura del espectáculo.

El primer acto, o primera parte, ocurre depués de que el director de este musical, Jerome Sable, nos haya enseñado la patita hemoglobínica, al ejecutar con saña a la olvidada actriz Minnie Driver ("Sleepers"), en los primeros minutos de la película. A partir de esta fantástica muerte y tras mostrarnos que uno de los protagonistas es Meat Loaf, la parte festiva comienza y lo hace desde la perspectiva más juvenil, y como mandan los cánones del cine de terror: en un campamento de verano, eso sí, estamos en uno un tanto especial, ya que es para formar a los niños en el arte del musical. Desde aquí, y durante media película, hay que tener mucho aguante musical para tragar con las historias que se nos cantan, la ñoñería, los gags facilones y un interés mínimo por lo que se nos cuenta. Insisto, mucho te tienen que gustar los musicales, para no abandonar a la media hora de visionado.

En este aspecto, para mi, la primera parte de "Stage Fright" es lo más parecido que hay al musical de "Evil Dead" que ví cuando lo representaban en un teatro de mi cuidad. Mezcla de divertimento y decepción, pues estar viendo algo de terror en clave de humor facilón y musicado a veces se atraganta. Aún así, y siendo el mayor handicap de la película que nos adentra en un género complicado de digerir, cuando lo que se ha venido a ver es una trama más retorcida, "Stage Fright", tiene algo que te mantiene inmóvil en el sitio, supongo que es porque está cuidado y sabe a dónde quiere ir a parar, supongo que también por las ganas de ver algo interesante.

La trama es simple, Camilla Swanson, hija de la asesinada Kylie Swanson, quiere representar la misma obra que terminó con la vida de su madre, El fantasma de la Opera, y no duda en hacer lo que sea necesario para conseguirlo. El escenario es un campamento de verano, y los guiños a nuestras película de terror constantes: "La Matanza de Tezas", "Hellraiser" y su Pinhead, ""Carrie", "Pesadilla en Elm Street", "Viernes 13"... algo que demuestra que la dirección que tiene que tomar "Stage Fright" para poder sobreponerse a la primera parte, es una carretera secundaria, perdida y tenebrosa.

Y la senda de la oscuridad es tomada en la segunda y definitiva parte de la película, cuando realmente empieza la película, cuando el asesino, debidamente enmascarado, hace acto de presencia de la forma más llamativa posible. Giro drástico y la cosa se pone seria, las canciones más familiares, dejan paso al heavy más agudo, los colores hacen lo propio con el negro y el rojo, y las belleza de las imágenes es teñida con sangre, que aunque no sea abundante, es lo suficientemente provocadora para hacerte replantear lo que estás viendo.

La trama deja de importar, si lo hizo en algún momento, para entregar todo el peso al villano, a sus actuaciones musicales y a la manera de resolver la situación del guionista (Jerome Sable, de nuevo). Da igual si imaginamos desde el inicio quién es el asesino, da igual si no te ha tenido en tensión, lo importante es la guitarra eléctrica, y cómo todos nos ponemos de parte de la maldad para que suenen los acordes metálicos y dejen de sonar las armónicas canciones entonadas perfectamente. Aquí no hay lugar para el miedo escénico y hay que dejarse la sangre en el escenario, algo literal y fundamental para una propuesta que empezó dando la nota y que termina de una forma de lo más entretenida.

"Stage Fright" es una propuesta modesta, que intenta devolver la voz de los antiguos y gloriosos musicales que se alejaban de la comercialidad, y que muchas veces se convertían en marcianadas. Lo cierto es que, en mayor o menor medida, y pese a su irregularidad, consigue que se nos meta la música en el cuerpo, y que aquellos que amamos estos musicales, terminemos por pasar un buen rato.


sábado, 12 de abril de 2014

Crítica: Return To Nuke´Em High Volume 1

Ahora resulta que Tromaville es la capital tóxica del mundo... y yo sin saberlo. La verdad es que no soy lo que se dice precisamente un fanático del cine de Troma, ni buen conocedor de su basta filmografía, pero incluso siendo un profano en la materia y con lo poco que he visto, si tenía muy claro lo que me iba a encontrar en la nueva película del señor Lloyd Kaufman y cuarta entrega de la saga de “Nuke´m High”, pues si una cosa buena tiene todo lo que sale de la factoría tóxica, es que ni engaña, ni pretende hacerlo, por lo tanto, el margen de decepción, al menos en el espectador eventual, como es mi caso, es cero. Los que estén versados en el tema, ya es otro cantar. 

Intentar analizar un producto de tan particulares características, es harto complejo. Al menos, si intentamos hacerlo con los baremos y herramientas habituales, aquellas con las que uno suele afrontar el análisis de un producto concebido para la parte mentalmente “sana” de la población o amantes del séptimo arte, pues una cosa tenemos que tenerla todos clara: Troma hará muchas cosas, pero ninguna de ellas es cine, al menos, no como yo lo concibo. Entiendo más los productos de esta factoría como gamberradas fílmicas que tienen como único fin, amenizar la ingesta de cerveza de un grupo de amigos solteros post-adolescentes un sábado por la noche. 

Si es que cuando lo único que puede destacar uno tras hora y media de visionado, es el intento de una chica en pantalón corto, muy corto, intentando sacarle de la garganta a otra chica, de pantalón tan o más corto y pronunciado escote, un pato del fondo de su garganta, es que la cosa no va bien... y ojo, que no se me vayan a enfadar las hordas de fanáticos del universo Troma, que todas mis palabras y opiniones, nacen desde el más profundo y sincero de los respetos... oye, que igual todo esto de las substancias gelatinosas verdes, las chicas ligeritas de ropa y los vengadores tóxicos, tiene su gracia, igual... aunque yo desde luego, aun no he sabido encontrársela. 

Aclaradas mis credenciales tromeras, decir que “Return to Nuke´em High Volume 1”, sea posiblemente la peor de todas las películas de Troma a las que me haya enfrentado y muy inferior por ejemplo, a otro título que comentamos en éste mismo medio: “Poultrygeist: La Noche de los Pollos Muertos” dirigida también por el incombustible Kaufman y es que “RTNHV”, no solo fracasa como película (que es algo que ya se le presuponía), sino que lo hace también como película de Troma, al menos en comparación con aquella que es uno de las pocas varas de medir de las que dispongo y que es mucho más disfrutable a todos los niveles.

Por un lado, dosis extra de cerveza van a hacer falta para que “RTNHV” consiga arrancarle una carcajada a alguien, pues el sentido del humor aquí contenido es siendo muy, pero que muy generosos, nivel 3ero de la extinta EGB. Cualquier persona, individuo, animal, cosa, que haya dejado mentalmente atrás, aquel maravilloso curso en el que comenzamos a odiar de verdad las matemáticas y en el que los más precoces, ya fantaseaban por las noches en la intimidad de su alcoba con otro escote, el de su sexy profesora, no solo no encontrará gracioso todo el carrusel de absurdos gags que nos propone el sr. Kaufman para la ocasión, sino que además, pasará vergüenza, mucha vergüenza ajena. 

Por el otro, la certeza de que estamos ante una de las entregas más lights que nos hayan traído estos señores en los últimos años, con un guarrometro mucho más bajo de lo habitual además de decepcionantemente dosificado del cual, tan solo se pueden destacar tres o cuatro secuencias, el resto, paja (y no me refiero de lo que hacíamos en nuestra alcoba pensando en la susodicha profesora), sino a relleno, a uno asqueroso, como si en lugar de rellenar un librito de pollo con jamón york, lo hiciéramos con miserable chopped... ¿podéis imaginar algo más repugnante? 

Pero es que por extraño que parezca, existe un tercer lado (ya sabéis que las leyes de la física no se aplican en el universo Troma) y ese es la naturaleza de la obra que nos atañe, concebida en dos partes. No tanto por esto, que en condiciones normales, no supondría un problema, todo lo contrario, sino por la forma abrupta en la que termina esta primera entrega. Porque si uno ha aguantado estoicamente durante más de hora y media, semejante castigo, que menos que le den un desenlace... en lugar de eso, nuestra infinita paciencia, será recompensada con un infame tijeretazo que agudizará aun más si cabe, la ya de por si profunda sensación personal de estupidez, por haber estado perdiendo el tiempo con semejante engendro cinematográf.... bueno, dejémoslo en “engendro” a secas. 

Si algo debe exigirle el aficionado a un producto de éste tipo, son precisamente los handicaps anteriormente citados. Una cinta de Troma tiene que ser desagradable, tiene que ser asquerosa, y no es el caso, no al menos si entramos en comparaciones. Tiene que ser si no desternillante (ahí ya entra el factor cerveza), si divertida, y tampoco es el caso por mucho que las ridículas hipérboles interpretativas, se esfuercen en lo contrario. Lo único en lo que no falla “RTNHV”, es en su apartado erotico-festivo, pero no es un elemento suficientemente de peso para justificar el visionado, a no ser que uno se haya quedado en la citada soltería de sábado por la noche. 

Lo dicho, una propuesta solo recomendable para fanáticos del cine de la Troma, que curiosamente, será el segmento de público potencial que se verá más decepcionado con ella o para desviados que sueñen con un tía con una polla de metro y medio. 

Lo mejor: Los escasos momentos de gore Tromiano, están resueltos con la brillantez habitual. 

Lo peor: La falta de chispa y la alarmante estupidez de la que hace gala a lo largo de todo el metraje. Más de la habitual.


miércoles, 9 de abril de 2014

Crítica: The Banshee Chapter

Lo que comienza como un “found footage” más-ay amigos, es lo que hay-cambia de golpe, desde el momento en que el guionista y director, Blair Erickson, en un arrebato de confusión o incapacidad coge la cámara y acaba con la subjetividad de golpe, lo cual, de verdad, se acaba agradeciendo, para colarnos un producto bastante mediocre sobre conspiraciones gubernamentales, seres de otro mundo y psicotropos varios. 

“The Banshee Chapter” no es una mala película del todo. De hecho está bastante decentemente rodada y tiene dos o tres ideas sorprendentemente buenas dentro de un guión que desgraciadamente acaba manifestando una inocultable escasez de medios e ideas que no la llevan a destacar dentro del resto de pelis de serie B que tratan temas similares, lastrada por un ritmo demasiado lento y un terror no del todo logrado en algunos casos, si bien en otros es realmente eficaz. 

La cinta nos cuenta la historia de una periodista, Anne Roland (interpretado por Katia Winter) que decide investigar las sospechosas circunstancias de la desaparición de su mejor amigo, (Michael McMillian-James Hirsch), relacionado con un experimento de química en el que está implicado el Gobierno USA, el MK Ultra y que se hace público gracias a la legislación de desclasificación de expedientes de los Estados Unidos, revelando a la luz pública que se han estado realizando experimentos muy poco éticos en bases secretas con seres humanos en los que la droga provoca como efectos secundarios cambios de conducta, alteraciones en la respuesta mental, pérdida de memoria, alucinaciones y violencia desatada. 

En su investigación acude a un excéntrico escritor, Thomas Blackburn (interpretado por un sobreactuadísimo Ted Levine), que está metido en el ajo. 

La película está rodada con un estilo de cámara casi documental que alterna con insertos de entrevistas reales, declaraciones del gobierno (Clinton, tela marinera) y falso documental con el tufillo de ' basado en hechos reales ' de fondo. 

En medio de todo ello se encuentra lo que a mi juicio es lo más destacable de la cinta, la alusión a HP Lovecraft y su mundo de seres oscuros, cuando se usan neurotoxinas humanas a modo de catalizador para convertir el cerebro humano en un receptor que permita la entrada de esos seres de otro mundo en el nuestro, lo cual está “documentado” en cintas de los años 70 que se nos van intercalando a lo largo del metraje de la peli y que suponen la parte más terrorífica de la película, junto con los sonidos de las estaciones de onda corta en los que esos seres repiten una y otra vez los números de la fórmula química usada y que son, francamente, aterradores. 

Es reconfortante comprobar que hay aún directores que respetan las raíces del terror de autores como Lovecraft (sin incurrir en vergonzosas adaptaciones sin gusto) y que juegan con la conexión de los antiguos males con el actual terror de los experimentos con psicotrópicos. 

El resultado podría haber sido infinitamente superior, pues el guión tiene numerosos aciertos que no se llegan a aprovechar ni explotar mientras prolonga situaciones absurdas que en realidad no aportan mucho a la historia, y al final todo acaba oliendo a serie B tras un decepcionante y mal logrado desenlace aburrido y bastante plano precedido de un aluvión de escenas mal encajadas e incapaces de provocar terror en su mayor parte. 

Pero a pesar de que la historia acabe pareciendo descabellada y plagada de agujeros en su trama y de un final, como ya he dicho, no satisfactorio, es loable la intención del director de hacer con su película algo diferente, tratando de construir un ambiente espeluznante con una dosificación calibrada de los típicos sustos logrados con la subida del volumen y la cámara de visión nocturna a los que ya nos estamos acostumbrando demasiado. 

La película trata de ser una combinación (no demasiado eficaz) de la cinematografía tradicional y el “faux- real“, (el ya habitual " found footage " , y el material de archivo documental, incluyendo noticias reales emitidas en la televisión americana). Esta fusión de técnicas y medios es la adecuada para tratar el tema de los experimentos de control mental del MKUltra, experimentos que a día de hoy sabemos que fueron reales y se llevaron a cabo por la CIA durante la Guerra Fría. 

En cuanto al trabajo de dirección, pues lo dicho, o el tipo no supo muy bien qué hacer con el material que tenía entre manos ó realmente es un genio que la ha cagado sin querer. El trabajo de cámara es prodigioso a ratos, con un aprovechamiento de luces y sombras premiable, mientras que en otros momentos es propio de un niño con su cámara regalo de comunión. 

Los insertos de metraje encontrado brillan sobre los demás (sorpresa, sí) y logran dar credibilidad al tema de la DMT y el MkUltra, sin rozar siquiera el debate sobre la conveniencia de determinadas drogas en nuestros días (a Dios gracias). 

El reparto no está mal, si bien todos tienden un poco a la sobreactuación. El personaje de Levine, un caramelito, se diluye demasiado por la exageración con la que lo ejecuta, mientras que el de Katia Winter, pese a ser la protagonista, queda un poco a la sombra. 

En definitiva la película es un experimento no del todo original en el género, con una trama interesante pero desaprovechada y a ratos demasiado confusa, pero mucho más inteligente que la mayoría de cintas que se ruedan con su presupuesto.

Lo mejor: Las notas de “falsa realidad” en su inicio. Tiene un susto estupendo.

Lo peor: Se hace aburrida y confusa a ratos. Recomendada queda para devoradores del falso documental, la teoría conspiranóica y antisistema.


domingo, 6 de abril de 2014

Artículo: The Walking Dead temporada 4

NOTA IMPORTANTE: Sólo leer en caso de haber visto completa la cuarta temporada.

A veces las emociones no llegan cuando tienen que llegar, a veces hay que darle tiempo al tiempo, hay que confiar, y dejarse llevar, aunque cueste, aunque las primeras sensaciones no hayan sido positivas, porque las primeras impresiones, en mi caso, raramente se corresponden con la realidad. 

La primera temporada de "The Walking dead" a mi no me causo ninguna sensación. Supongo que el momento de tu vida en que ves algo, con quién lo ves, o qué ocurre a tu alrededor en esa época, influye y mucho. Supongo también que no supe ver que "The Walking dead" no es una serie de zombies (aunque sean los mejores que servidora haya visto nunca), sino de personajes y superación, algo que para mi es determinante hoy en día. Por todo esto es por lo que quiero dedicar este pequeño artículo al Rector, ya que fue su insistencia y su pasión, la que hizo que me volviera totalmente adicta a cada uno de los personajes que intentan sobrevivir entre los caminantes. Cuando alguien te conoce bien, hay que hacer caso, hay que dejarse llevar. Yo lo hice, y me encontré con el temido apocalipsis zombie. 

Los fans de esta serie, somos conscientes de que se ha abierto el infierno y se ha tragado la Tierra. No hay motivo para explicar a estas alturas, lo que ha supuesto el apocalipsis zombie para los pocos supervivientes. En las tres temporadas anteriores, hemos visto que cuando algo sale mal, seguramente pueda salir peor, y de hecho, siempre sale peor. Hemos visto cómo el hombre es el peor enemigo del hombre, y cómo el ser humano es capaz de reponerse de absolutamente todo en pos de la supervivencia. 

La cuarta temporada, como viene siendo costumbre, también está dividida en dos partes: La tranquilidad y la desesperación. 

En la tranquilidad, todos los personajes conviven con cierta calma, y la cámara se expresa desde esta misma calma. El grupo de Rick cada vez vive más cohesionado en la cárcel. Los sistemas de vigilancia, aprovisionamiento, y defensa, funcionan a la perfección. Cada uno de los personajes ha encontrado su función dentro de esa cárcel, que curiosamente, es lo más parecido a la libertad que van a encontrar nunca. Rick y Carl cada vez se entienden mejor y miman el huerto como si fuera la última creación del ser humano en la Tierra. Hershel, reconvertido en líder, tras el tiempo de descanso que Rick necesita, es el portador de la sabiduría y los buenos consejos,así como de la calma que se necesita en tiempos tan oscuros. Glenn Y Maggie cada vez funcionan mejor como pareja. Beth cuida a la perfección de la pequeña Judith. Carol intenta ser el ejemplo de fuerza en tiempos en lo que todo se paga. Karen, Tyreese y Sasha cada vez están más integrados en el grupo y Daryl y Michonne han aprendido a pasar página. 

Esta primera parte, muestra la esperanza de un mundo en el que todo representa un peligro, y en el que cada día cuenta. Es en la tranquilidad, donde, preferencias aparte, te encariñas definitivamente con todos y cada uno de los personajes de la prisión, incluso lo haces, con algunos con los que nunca creíste hacerlo, porque, sí señor, el Gobernador, reaparece en nuestras vidas y lo hace como un personaje reinventado. Y todos y cada uno de ellos forman el todo que da vida a esta primera parte, en la que la escisión viene de la mano de la guardiana del peligro, aquella dulce mujer que protege a los suyos por encima de todo, y así es como Carol Peletier, inicia el legado de la desconfianza y de la venganza, precisamente errando en una de sus máximas, al no pensar con la cabeza fría, como ella enseña a hacer a los niños de la cárcel. 

En el momento en que se vuelven a tener que tomar decisiones duras, aunque justas, es cuando vuelve Rick, el Rick que todos ansiábamos ver de nuevo: el luchador atormentado que conoce mejor que nadie la condición humana. 

Un parón en el camino, y nos despedimos de Carol, odiándola, transformando la admiración, y en cierta parte la lástima, en un arma contra su personaje, porque los sentimientos provocados en el espectador, en "The walking dead", son el zombie más terrible, aquel que es capaz de racionalizar para depredar. Pero teniendo en cuenta que aquí si te paras estás muerto, y que el movimiento es que lo que te mantiene en pie, los guionistas nos hacen correr intentando no mirar atrás, cuando, ante nuestros ojos, que creen haberlo visto todo y se equivocan, aparecer el Gobernador y con él, mi sonrisa, pues hay dos personajes a los que les tengo devoción absoluta, y uno de ellos es el Gobernador. 

El Gobernador, metamorfoseado en Philip, durante tres episodios en los que él es el auténtico protagonista, nos tiene en tensión constante, ya que uno de los aciertos de la serie es habernos grabado a fuego, que cuando hay silencio, el peligro acecha por donde menos te lo esperas, y en los episodios de Philip, el silencio, el perdón y el entendimiento reinan. Y lo hacen para demostrar que sólo los manipuladores sobreviven, y que en la supervivencia todo vale. 

En pocos episodios de esta primera parte, nos damos cuenta de que cuando todo se ha perdido, la única manera de seguir adelante, de soportar el dolor, es tener un propósito, por nimio que parezca, necesitas saber que al final del túnel se verá la luz, para intentar luchar por conseguir una pequeña llama para iluminar el camino. Obviamente, la luz al final del túnel en TWD, es la de un sol abrasador que muestra cómo la carne putrefacta es aún más repugnante si intenta devorarte, por tanto, esta tranquilidad de los primeros episodios de la cuarta parte, desembocan en el esperado reencuentro de El gobernador y el grupo de Rick. 

El control del territorio (centrado en la cárcel), da lugar a una de las escenas más dramáticas y despiadadas que ha dado la serie, en el último episodio de la primera parte. Todos los personajes vuelven a dar muestra de las acciones para las que fueron creados, y el final se convierte en un nuevo principio, cuando una vez concluído el duelo de carismas, todos pierden. El grupo de Rick se ve totalmente diseccionado y diseminado. Vuelve la lucha por la supervivencia desde el punto de partida, despojados de cualquier protección que no sea la experiencia y el instinto. Peor destino para mi amigo Gobernador, para el que, a mi gusto, se le dio un final muy rápido (sigo soñando con una nueva era del Gobernador impartiendo su ley desde el lado de los no muertos). 

En la desesperación todos los personajes caminan solos, y aunque se hagan pequeños grupos, la pérdida de la cárcel, supone mucho más que la pérdida de un lugar en el que asentarse. En la segunda parte de la cuarta temporada, el drama supera a la acción, a la tensión, y la definición de los personajes es total (sobre todo aquellos de los que no se nos había permitido entrar en sus vidas). En este aspecto, todos los personajes están desnudos, y los caminantes no son tanta amenaza como lo son los vivos, pues la pérdida de esperanza es casi total, y tienen que aprender a mirar hacia adelante, cuando practicamente los ojos se les están cerrando. 

En esta esclarecedora, a todas luces, segunda parte, puede parecer que los capítulos son muy irregulares, ya que a los brillantes, se les suceden capítulos demasiado intimistas, que hacen bajar un poco el listón de la tensión, y perder un poco el hilo de lo que aquí importa, que es La Terminal, o la esperanza de recuperar lo que algún día fueron. La Terminal es el hilo conductor en una serie de capítulos monotemáticos de personajes, donde la trama zombie queda totalmente de lado, para adentrarse en una trama mucho más oscura, que es el de la maldad inherente al ser humano, y la búsqueda de uno mismo. 

Cada uno de los personajes que siguen las vías del tren, en busca de la Terminal, Santuario para todos, donde todos aquellos que llegan, sobreviven, muestra su lado más humano, lo que a nuestros ojos, es precisamente lo que les hace más vulnerables. Los protagonistas terminan escapando en mini grupos de lo más variopinto, pero, el futuro que les espera no les permite elegir compañero de camino: 

-Rick, Carl y Michonne es lo más parecido a una familia. Ellos han conectado totalmente, y se protegen unos a los otros de una manera animal. Descubrimos a la verdadera Michonne, entendemos el carácter de Carl, quien dejó de ser niño antes de tiempo, y volvemos a emocionarnos y gritar con Rick en los capítulos finales. 

-Maggie, Sasha y Bob son los compañeros circunstanciales, a los que sólo unen las vías del tren, pues cada uno de ellos, al seguirlas, tiene un objetivo diferente: el amor, la vida y la compañía. Este grupo es uno de los más organizados. 

-Daryl y Beth significan la protección y la desilusión. Buscan empezar de nuevo, y son las personalidades más antagónicas de todas, Beth simboliza la esperanza, las ganas de creer, la necesidad de pensar en que cosas buenas pueden seguir ocurriendo. Daryl es el personaje más negativo de esta segunda parte. Ambos personajes terminan siendo el complemento uno del otro. Daryl, por su parte presentará al grupo de los moteros, un grupo condenado al odio desde el principio. 

-Glenn y Tara son la lucha y la lealtad. Tara es uno de los grandes descubrimientos de esta temporada, y uno de los personajes a los que se le puede coger más cariño, ya que su inocencia, y su fondo humano es visible cada segundo que ella aparece, pese a las ganas de ser una mujer fuerte. Glenn, en su eterna búsqueda de Maggie, sigue siendo un personaje que no tiene confianza en nadie. Ellos son los descubridores de otros tres personajes que darán mucho que hablar en la quinta temporada: Abraham, Rosita y Eugene, personajes que ponen el punto de comicidad necesario entre tanta desgracia. 

-Carol, Tyreese, Lizzie, Mika y Judith marcan las dificultades, pues si ya es complicadísimo sobrevivir entre tanta amenaza, hacerlo con un secreto que duele en el pecho más que una puñalada, dos niñas muy especiales y un bebé, hace la experiencia casi imposible. En los pasajes en los que el quinteto es el protagonista, hago especial incapié en uno de los capítulos finales, y para mi definitivos, donde Lizzie (por supuesto, mi otro personaje favorito), se muestra en todo su esplendor y deja boquiabierto a todo el público, en uno de los mejores episodios que recuerdo de la serie. Definitivamente El Gobernador y Lizzie son dos personajes absolutamente esenciales en cuanto a las pasiones despertadas,y eso siempre les convertirá en dos personajes clave. 

En ninguno de los capítulos, excepto en el final, los pequeños subgrupos interactuan entre ellos, esta temporada quería dejarlo todo bien atado en cuanto a los personajes, para, presumiblemente, dejar la acción a la temporada que está por venir y lo hace de una manera sobresaliente. 

El fin es el mismo, y una vez llegada a la Terminal, las puertas se abren para una quinta temporada, que lejos de hacerse repetitiva, promete ser una auténtica locura. Sólo queda ir contando los días. 

SURVIVE

viernes, 4 de abril de 2014

Crítica: La Bella Y La Bestia

Hay películas que desde su misma concepción parecen tocadas por una mano negra que les acarrea una infinita lista de críticas negativas y desprecios varios. Este es el caso, sin ir más lejos, de la nueva versión del ñoño cuento infantil La bella y la bestia, bulliciosa adaptación cinematográfica del clásico de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont que el magistral Christophe Gans presentó en el Festival de Berlín el día de su clausura ante un público hastiado como ocurre en todo festival. Voy a reconocer, de partida, que me encanta todo lo que ha hecho el director gabacho, especialmente “El pacto de los lobos”, con la que llego casi al éxtasis cada vez que la re-veo y “ Silent Hill” (además de cinéfago soy un jugón empedernido y esa cinta es-hasta el momento-la única adaptación decente que se ha hecho de un videojuego) así que probablemente mis espectativas ya eran bastante altas antes de leer nada sobre la cinta. 

También reconoceré que odio, con todas mis fuerzas, esa película animada que supuso uno de los éxitos más grandes de la factoría Disney de hace unos años en la que las tazas, las teteras y los candelabros bailaban y cantaban con la voz de la Langsbury, auténtica pesadilla de merengue, boba hasta rozar lo absurdo y caramelizada hasta el extremo. Tampoco soy lo que se dice muy fanático de ninguna de las versiones que nos han llegado al cine, ni la sobrevalorada de Cocteau aunque sí de muchas de las versiones que bebían de su fuente, como los King kong varios que alegraron mi infancia. 

Pues la cinta, ya de partida, se granjeó un buen puñado de detractores y críticos enrabietados por aparecer en un festival como el de Berlín, como si todo lo que llevase el sello de “participante en” tuviera por fuerza que ser cine de autor sesudo, deprimente e histérico. Es cierto, la mayoría de pelis que se estrenan en ese festival me parecen de una insoportable calidad superior, aburridas, traumáticas o ambas cosas a la vez, y La bella y la bestia ni siquiera roza esos parámetros. Pero es que tampoco estaba incluída en la lista de pelis a competición, sino como desahogo y clausura de tanta profundidad y gafapastismo snob. 

Aclarado todo empezaré diciendo que La belle et la bête, versión Gans, me parece con diferencia, la mejor de las adaptaciones del cuento clásico, merecedora de halagos en todos y cada uno de sus aspectos artísticos, a saber: una maravillosa banda sonora de Pierre Adenot que mezcla lo épico y lo romántico como pocas, una fotografía preciosista del galardonado Christophe Beaucarne, un vestuario y ambientación propios de cualquier mega producción americana arrasa taquillas al igual que el diseño de criaturas-no sólo la espectacular Bestia- del fantástico Patrick Tatopoulos, muy en boga gracias a ese estupendo programa de Energy que es Cara a cara (Face Off). Y es que es de valorar un diseño de producción perfectamente cuidado-no en vano es una producción de Pathé- con un presupuesto muy inferior al de esas súper producciones. 

El resto, pues bueno, lo esperable, una historia por todos conocida, en la que se nos dan más datos de lo que suele ser costumbre en este tipo de pelis y unas interpretaciones irregulares, lo normal cuando hay cuarenta actores en el reparto. 

Vincent Cassel vuelve a mostrarnos el morbazo en estado puro que disfruta la Bellucci (madre mía, qué pareja) cada noche, en una interpretación mucho menos bestial (y eso que hace de Bestia) de lo que acostumbra, y Léa Seydoux, chica de moda gracias a esa peli infumable lésbica-La vida de Adéle- sobrevalorada como pocas, hace lo suyo en su primer papel, ñoña, como el guión manda, fría y bastante convincente al fín y al cabo en un registro amplio y diferente que abarca desde la alegría a la más profunda tristeza. 

Del resto cabe destacar la desaprovechada presencia de otro de esos tipos que sólo con aparecer en pantalla levanta pasiones y lo que no son pasiones, Eduardo Noriega, haciendo de malo (psee) ataviado a lo dieciochesco. 

Se ha tachado a la cinta de pretenciosa. Es cierto, lo es. Como la mayoría del cine épico que muestra batallitas campales, efectos especiales durante dos horas y paisajes imposibles sobre un croma verde en el que los actores muchas veces se pierden y marean. 

En definitiva, esta es una versión casi perfecta de lo que la historia bien conocida puede ofrecer, centrada menos en ese amor gótico e inmortal que nace de lo interior y más volcada en conseguir un tono y un universo propio y distinto, oscuro y nada infantil. El uso de CGI no es de los que cantan la Traviata (unos cuantossss), sino que hace gala de un buen gusto impecable, habitual en todo lo que Gans toca. Y es que la mano del concienzudo director en busca de la belleza portentosa más en la forma que en el fondo se hace evidente en cada plano de la cinta, sobrecargada, excesiva, barroca y desbocada, que bebe mucho más de la cinta de Cocteau de 1946 que de los dibujitos de Princesas Disney que han vuelto a inmortalizar la historia. 

Es cierto que a la peli le cuesta arrancar, que tiene un prólogo quizás algo cansino e innecesario, en el que se nos narra el viaje del padre de Bella-y parte de su historia, una de las novedades de la peli- con su accidental llegada al palacio, que hace obligado lo precipitado de un final arrebatado y que realmente no es el culmen de la historia, que se narra con un estupendo juego de espejos entre presente y pasado, sueño y realidad y que constituyen un estupendo recurso narrativo durante casi dos horas. 

Pero desde luego, como ejercicio de preciosismo estético y estilístico, como espectáculo visual y épico, el film de Gans cumple, y sobradamente. 

El problema fundamental de la cinta-aparte de sus incursiones excesivas y atrevidas en conceptos mitológicos y místicos-es que se está vendiendo de muy malas maneras. No acaba de definirse en ningún momento de la breve y casi inexistente campaña publicitaria que la acompaña, a qué público está dirigida. En la sesión de tarde que la ví al menos un tercio del aforo eran niños, y desde luego no es una cinta infantil ni por asomo. Tampoco es una película romántica arrebata-corazones, ni un cuento narrado a la antigua usanza. Gans hace un trabajo adulto con pinceladas de comedia, terror y hasta erotismo que no va a ser del gusto de gran parte de los espectadores que se dejen sus ocho euracos para ver una producción francesa atípica que comparte con Disney sólo título. 

Lo mejor: Cuando se arranca la acción, es espectacular. Su puesta en escena. Cassel...

Lo peor: Una campaña publicitaria estúpida. El doblaje, sorprendentemente malo.

No llega ni de lejos a lo magnífico de “El pacto de los lobos”, pero es una peli entretenida, diferente y muy atractiva, recomendable sólo a fans del director, del protagonista y no tanto de los cuentecitos a lo Blancanieves. 

Para terminar, hagámos un repaso rápido por las más destacadas versiones del clásico cuento que han pasado por nuestras pantallas-fliparán, pero son infinitas... 

-La Bella y la Bestia (TV) (2014) España, de Fabrizio Costa, próxima versión clásica para la tele con la guapérrima Blanca Suárez y Alessandro Preziosi-qué acertado apellido-como protagonistas. 

-La bella y la bestia (Serie de TV) (2012) Estados Unidos. Regulera y bastante aburrida. 

-Die Schöne und das Biest ( 2012 ) ( TV Movie ). Horrenda.

-El corazón de la bestia ( 2011 ). Psee...

-La bella y la bestia (2009) Australia, de David Lister, un bodrio infumable con Estella Warren y Victor Parascos haciendo bastante el ridículo. 

-La bella y la bestia (2008) Estados Unidos de Tom Putnam, un regulero puntazo con Paris Hilton como mayor atractivo. 

-Kaj og Andrea : Gys og gru ( 2004 ). Episodio de la serie.

-La Bella y la Bestia 2:Una Navidad Encantada (1997)Estados Unidos de Andy Knight... Espantosa 

-La bella y la bestia: Un concierto en el hielo ( 1996 ). TV movie americana para dar un grito...

-La leyenda de la bella y la bestia (1992) Japón, estupenda versión animada de Masakazu Higuchi y Chinami Namba. 

La bella y la bestia (1991) Estados Unidos, uno de los grandes taquillazos de Disney que no soporto... (Se oye una cancioooooooon....) 

-La Bella y la Bestia (Serie de TV) (1987) Estados Unidos, un tostón con Ron Perlman y Linda Hamilton. 

-La bella y la bestia (Cuentos de las estrellas) (TV) (1984) Estados Unidos, una rareza de Roger Vadim con los extraordinarios Susan Sarandon, Klaus Kinski y Anjelica Huston. 

-Belleza ( 1981 )

-La bella y la bestia (1978) Checoslovaquia, de Juraj Herz, hasta ahora mi preferida versión del cuento, bordeando el realismo mágico, en la que se nos presenta a la Bestia más atormentada de todas, mucho más madura y eficaz que la mayoría de cintas similares. 

-La bella y la bestia (TV) (1976) Estados Unidos, de Fielder Cook, bastante floja, con George C. Scott, Trish Van Devere y Virginia McKenna.

-Shirley Temple Storybook : La bella y la bestia ( 1958). Episodio televisivo de la serie de la niña rizosa recientemente fallecida. 

-La Bella y la Bestia (1946) Francia, sobrevalorada y bastante acertada en parte, la pequeña joya de Jean Cocteau con Jean Marais, Josette Day, Marcel André, Mila Parély, Nane Germon y Michel Auclair. 

A esta lista-reducida, se lo aseguro-se suman una ingente cantidad de medio y cortometrajes, desde 1899 (¡!) (La belle et la bête-1899), destacando también los cortos de 1903, el francés de 1908 y Alenkiy tsvetochek de 1952. 

¡Qué bestialidad!


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